El presidente de Vox, Santiago Abascal, interviene durante el acto de clausura de la Asamblea General del partido, en el Recinto Ferial de IFEMA MADRID, a 24 de junio de 2023

POLÍTICA

Vox ante su propio futuro

En los próximos meses, la formación se enfrentará a varios retos electorales que determinarán su futuro más inmediato

Ayer supimos de la rebelión de los diputados de Vox en Baleares. Es simbólico: llega justo en el momento en el que el partido se había reestructurado. Además de garantizar la continuidad orgánica, el partido de Abascal tiene varios retos electorales por delante.

Elecciones y competición con el PP

La situación de Vox se puede analizar a dos niveles: uno superficial y otro estructural. El primero está a la vista: el partido se ha enfrentado a un proceso de reestructuración interna del que todavía se notan las consecuencias. Aunque ya un poco lejos, todo empezó con la marcha de Macarena Olona y, después, de Espinosa de los Monteros, que fue una pérdida significativa.

El portavoz de Vox en el Congreso, Iván Espinosa de los Monteros, durante una rueda de prensa posterior a la reunión de la Junta de Portavoces, en el Congreso de los Diputados, a 16 de mayo de 2023

La salida de Espinosa de los Monteros se interpretó por parte de los analistas como el fin del espíritu liberal de Vox. En consecuencia, habría triunfado el sector conservador, católico y concentrado en el antiglobalismo, la Agenda 2030 y cosas por el estilo. Esta situación derivó en un seísmo interno que Abascal resolvió estos mismos días: más poder a los territorios, nueva cúpula y Garriga de número dos.

Aunque el ‘timing’ haya sido casual, la llegada de Garriga a la vicepresidencia coincide con la crisis del partido en Baleares. Cinco diputados descontentos con la dirección de Madrid han expulsado a dos altos cargos de su propio partido. Garriga ha tenido que salir a poner orden y ha propuesto la expulsión de estos cinco:

Después está el elemento estructural, que se concreta en dos frentes: la competición con el PP y las elecciones que están por delante (gallegas, vascas, europeas y catalanas). Estas citas electorales mostrarán si la nueva orientación ideológica es compartida por el votante. O si, por el contrario, Vox se enfrenta a un proceso de decadencia.

Un año movido para Vox

La música que se oye en Europa gusta en Vox: las encuestas señalan que la derecha identitaria tendrá el segundo puesto en el Parlamento Europeo. Antes de eso, pero, vienen las gallegas y seguramente las vascas, cuya fecha está sin concretar. Como para el PSOE y para el PP, Galicia es un buen termómetro de lo que está por venir. Si Vox no consigue entrar en el parlamento gallego, se confirmará que el discurso de Feijóo y de su sucesor, Alfonso Rueda, todavía seduce al votante conservador.

Ese es el otro elemento: la competencia con Feijóo. Hace tiempo, en E-Notícies explicamos que el líder del PP se lamentó de no haber sido más duro con Vox en la campaña de las generales. Sánchez demostró que su estrategia del miedo con la extrema derecha funcionó: es más, funcionó hasta el punto de que el PP se ha automarginado.

Montaje con un plano medio corto de Santiago Abascal con cara seria y otro de Alberto Nuñez Feijóo sonriendo

Una vez asumido el golpe, Feijóo reorientó sus fuerzas y le hizo un pulso a Vox. Lo que Feijóo no quiere es que quitarse margen de maniobra a sí mismo para pactar. En cualquier caso, todavía está por ver si esto le funcionará. Ayuso triunfa precisamente por tener un discurso duro y Alejandro Fernández insiste en que ya no es posible entenderse con el PSOE.

Todo esto, representa un reto para Vox durante un año que, además, será electoralmente muy movido (y el 2025 empieza con las catalanas). Lo más urgente es estabilizar el partido, algo que Garriga tal vez haga con un castigo ejemplar. Luego, la formación tendrá que ajustar el discurso en función de los resultados electorales que obtenga en las sucesivas elecciones.