Primer plano de Carles Puigdemont con cara de sorpresa y la boca abierta

POLÍTICA

El Consell de la República, el espejo del declive del procesismo

Las próximas elecciones al Consell de la República reflejan la esencia del procesismo: figuras inverosímiles, reivindicaciones de lo mismo y geopolítica imaginaria

A las elecciones del Consell de la República se han presentado Jordi Castellà, Lluís Felipe Lorenzo y un tal Carles Puigdemont. Entre otras cosas de dominio público, este último es conocido por ser el actual presidente del Consell. La agenda internacional ha tenido un fuerte peso en la campaña - tres entrevistas en la página web - con propuestas como la de la “vía guineana” o la creación de un emirato catalán en Algeria.

Procesismo para muy procesistas

El Consell de la República es un destilado del procesismo. Todo aquello que caracteriza la política catalana, pero llevado a su versión más pura e identificable. Cambios a conveniencia en el discurso, reivindicación de democracia y todo dirigido desde unas élites políticas.

El último ejemplo lo dieron las votaciones para aprobar las negociaciones con el PSOE. Puigdemont sometió sus acuerdos al voto de los afiliados, que, con un 4% de participación, votaron masivamente que no. La dirección del Consell - atrapada en su reivindicación previa de la unilateralidad - dijo que no era vinculante. O sea, que el expresidente Puigdemont se avaló a sí mismo.

Entre otros anecdóticos efectos, esto provocó la dimisión de Lluís Llach de la ejecutiva del Consell. Como tantos otros, Llach estaba en este organismo para reivindicar la unilateralidad política y la continuación del 1-O. Sin hacer mucha sangre, se ha ido y ha cerrado la puerta.

En tanto que procesista, todo lo anterior no fue ningún obstáculo para que el Consell continuara reivindicando la unilateralidad y la unidad del independentismo. Después de desoír a las bases y volver al pragmatismo político, el Consell habló de “resquicios de oportunidad” para continuar con “la estrategia de confrontación y la vía unilateral”.

Ahora, hay elecciones en el Consell y se presentan Jordi Castellà, Lluís Felipe Lorenzo y Carles Puigdemont. La campaña electoral ha consistido en tres entrevistas. Dos para que Castellà y Lorenzo hagan geopolítica de salón y otra para que Puigdemont diga aproximadamente lo mismo que suele decir siempre.

Geopolítica de andar por casa

Jordi Castellà, explica él mismo, se presenta para defender la “vía guineana”. Su intención es solicitar a las Naciones Unidas que reconozcan a Cataluña como ya hicieron con Guinea Ecuatorial en 1965. “Nada que no se haya hecho antes y que no esté al alcance de los catalanes si nos lo proponemos”. Así mismo, apuesta por una “Confederación de Estados Catalanes al estilo Helvético”. Hasta que no llegue esta confederación, matiza Castellà, habrá que limitarse a la “República de Cataluña, que es la opción más madura y desarrollada por el momento”.

Conseguir todo esto, prosigue Castellà, pasa por “dar un término de 6 meses al Estado para reconocer Cataluña”. De lo contrario, avisa este candidato, el Consell de la República procederá a pedir el derecho a la autodeterminación a las Naciones Unidas. Y una vez consumada esta jugada, el Consell procederá a “solicitar el reconocimiento de territorio no-autónomo para iniciar seguidamente un proceso de descolonización”.

El otro candidato, Lluís Felipe Lorenzo, un periodista balear, va más allá y propone una hoja de ruta que pasa por la creación de un emirato catalán en Algeria. Un emirato que, más concretamente, seguirá el modelo de Mónaco y de Andorra. El plan es que, una vez establecido, este nuevo Estado será un aliado internacional de Cataluña. Un aliado que, además, recibirá el apoyo de la Unión Europea al tratarse de un Estado “democrático, humanista y aconfesional”.

La candidatura del expresidente Puigdemont es más moderada, es decir, que se limita a recordar los mantras habituales y no hace planes imaginarios. Se limita a un cómodo e inconcreto “internacionalizar la causa catalana”. Es decir, declaraciones más o menos huecas de poner a Cataluña en la agenda internacional, explicar la “respuesta represiva del Estado español” y cosas por el estilo.