Primer plano de Carles Puigdemont
POLÍTICA

Se complica la amnistía para Carles Puigdemont

La tramitación de la amnistía rebaja las expectativas del procesismo: tienen asumido que no será tan amplia como querían

El aterrizaje de la amnistía no es fácil. Es más, es posible que sea decepcionante. A medida que se tramita, parece claro que no habrá espacio para amnistiar todo lo que desea el independentismo.

Logros históricos, muchos

Junts planteó la investidura como un ejercicio de pragmatismo que necesariamente tenía que estar amagado detrás del independentismo. El catalán en Europa, reconocimientos históricos, un nuevo sistema de financiación, etc. Todo, pero lo fundamental la amnistía: la condición necesaria para que, relato aparte, Puigdemont pudiera resucitar.

Esto tenía y tiene que presentarse como un logro y, a ser posible, como un logro histórico. Evidentemente, de cara a la galería. Concretamente, la galería autonómica, que es donde trabajan Junts y ERC.

Míriam Nogueras en el Congreso de los Diputados en su intervención hablando en la tarima

El PSOE daba crédito y firmaba cheques porque, total, después había que concretar lo pactado. Y es en la concreción donde todo cambia. En el caso de la amnistía, Junts fue con todo: postura maximalista, es decir, que la amnistía llegara todas partes. 

Los letrados del Congreso pusieron algún matiz a este asunto. Señalaron que la ley de amnistía estaba cogiendo tal envergadura que exigía una reforma constitucional. De hecho, el PSOE se escuda ahora en la Constitución: le dicen a Junts que ya la están estirando mucho.

Salvar al soldado Puigdemont

En última instancia, lo que Junts le pide al PSOE es poder ejecutivo: que se salte todos los obstáculos a base de decretos. Pero la justicia pone problemas. La prueba está en la tirria que el independentismo le ha cogido al juez García-Castellón.

Junts y ERC piden, por ejemplo, que el Tsunami Democrátic y los CDR entren en la amnistía. Lo pidieron en las enmiendas que presentaron en el Congreso, que por necesidades de relato había que presentar. Pero sabían que no saldrían adelante y tanto Junts como ERC lo tenían asumido.

Montaje con Carles Puigdemont visiblemente enfadado y Pere Aragonès sonriendo con el Parlamento de Catalunya de fondo

Con lo que todo, en fin, queda como lo que es: un ejercicio de funambulismo entre la realidad y la propaganda. Y cada uno con lo suyo y con el PSOE repartiendo juego: ERC con el traspaso de Cercanías  y Junts con la inmigración. El caso es que hay un núcleo de intereses al que, aquí sí, el procesismo no renunciará y otro que dramatizará por aquello de las elecciones autonómicas.