Montatge amb Carles Puigdemont, Pere Aragonès i Salvador Illa amb el Parlament de fons

POLÍTICA

Nadie se fía de nadie en el Parlament

El PSC se ofrece a Aragonès, pero se une a Junts para votar la debilidad del Govern

El Parlament de Cataluña vive esta semana el debate de política general, que sirve para dar inicio al nuevo curso político. La cámara catalana lleva años en condiciones extraordinarias, fuera de lo común. El inicio del procés llevó a Junts y ERC a gobernar pese a no soportarse. Ahora, el Govern lo sustentan 33 diputados de 135, pero nadie lo hace caer por puro tacticismo. En el Parlament, quien hoy es tu amigo, mañana te puede salvar el culo.

En la política lo difícil era tener amigos dentro de tu propio partido. Hasta ahora: las formaciones catalanas se han convertido en aficiones de fútbol, donde se defiende lo suyo y se mira con menosprecio a los otros. Es imposible llegar a acuerdos entre ellos y los que existen sirven para repartirse el poder, más allá de ideologías.

Junts y PSC tenían pactada la Diputació de Tarragona a cambio del Ayuntamiento de Reus. Pero Puigdemont respondió tarde, ERC fue más lista y la presidenta de la Dipu en Tarragona es Noemí Llauradó, de Esquerra, que le ha dado la alcaldía de Reus a Sandra Guaita del PSC. Así funciona ahora mismo la política catalana. Y, claro, en este contexto, nadie se fía de nadie.

Plano general del Parlament de Catalunya con los diputados votando una moción

Esquerra Republicana de Cataluña está sola, aislada. Las relaciones con Junts per Catalunya son muy malas, pero no les queda otro remedio que intentar acercamientos. Es lo que piden sus bases. Por otro lado, llega a acuerdos con el PSC en el Parlament gracias a lo que sucede en el Congreso, pero las relaciones entre unos y otros no son óptimas.

La estrategia de ERC de ir a por los socialistas en el área metropolitana no funcionó y dejó heridas. Los socialistas se han cansado de Esquerra y de Junts, siempre a la pelea, siempre priorizando sus intereses personales. Pero no tienen más remedio que llegar a acuerdos con ellos: gobiernan juntos en diputaciones y lo harán en más ayuntamientos tras la investidura de Sánchez. El problema es que Salvador Illa ya no confía en el ala pragmática de Junts, con quien gobernaba en la Diputació de Barcelona.

Porque Junts per Catalunya es quizás ahora mismo el partido menos fiable. Ahora juegan a la gobernabilidad de España, mientras que en junio descartaron pactar con el PSC por el caso Collboni. Con Carles Puigdemont nunca sabes qué sucederá. Hablan de unidad indepe, pero son decenas los ayuntamientos donde han pactado con socialistas para echar a ERC

Nadie se fía de nadie ahora mismo en Cataluña. Los Comuns, mera comparsa ahora mismo, ya maniobraron en 2019 para hacer Ada Colau alcaldesa con los votos de Manuel Valls. La CUP fue la primera que se escondió cuando el uno de octubre iba en serio y hacía falta gente que pusiera la cara. 

Montaje con dos primeros planos de Salvador Illa a la izquierda y Pere Aragonès a la derecha, mirándose uno a otro

El debate, el gran ejemplo

El debate de política general de esta semana es el gran ejemplo. Junts fue especialmente duro con el Govern Aragonès, pero le perdonó la vida y le dio una última oportunidad. El PSCse ofreció a consensos y a aprobar los presupuestos. Las dos formaciones querían evidenciar que ERC estaba sola, pero no quieren que el Govern caiga. De momento.

Pues socialistas y juntaires han presentado cada uno una propuesta de resolución del debate muy similar. En ellas, el Parlament votará y constatará que el Govern "está solo" y ha perdido la confianza del Parlament. Es decir, que Pere Aragonès no cae porque ellos no quieren.

Está uno en Cataluña para fiarse de cualquier otro partido.

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