Montaje con un primer plano de Ursula von der Leyen, un marco con una foto de un tractor con una pancarta de 'no a la agenda 2030' y de fondo una imagen del Parlamento Europeo

POLÍTICA

Las élites europeas entran en pánico tras las protestas de los agricultores

La política en Europa ha dado un giro importante en los últimos tiempos, justo cuando nos encontramos a las puertas de unas nuevas elecciones en el Parlamento Europeo

Algo lleva cociéndose en Europa en los últimos tiempos. Lo hemos visto en el giro respecto a las políticas sobre inmigración y se ha confirmado con las recientes protestas de los agricultores. Unas protestas que se han extendido por casi todo el continente y que ponen en duda algunas de las políticas que se han impulsado en los últimos años desde el Parlamento Europeo.

La posición buenista de ‘Welcome refugees’ respecto a la inmigración ha dejado de ser mayoritaria. Países que históricamente han apostado por la multiculturalidad, ahora se muestran más reacios a las políticas de puertas abiertas y ya hace un tiempo que promueven medidas más restrictivas. 

El ejemplo más claro lo tenemos en Alemania, donde el gobierno socialdemócrata apuesta ahora por las deportaciones masivas de inmigrantes. También Suecia, paraíso de las ayudas, se ha puesto las pilas tras darse cuenta de que la falta de exigencias para integrarse ha provocado que muchos de ellos no tengan incentivos más allá de vivir de las prestaciones. Incluso el gobierno de Macron en Francia, que siempre se ha querido desmarcar de Marine Le Pen, ahora ha decidido endurecer su ley de inmigración.

Más allá de la cuestión migratoria, otro cambio significativo en Europa ha sido el auge de formaciones euroescépticas y antiglobalistas. Los partidos que han mostrado más reticencias a la Agenda 2030 van teniendo cada vez más apoyos entre la población. Algunos de ellos incluso han llegado al poder, como es el caso de Giorgia Meloni en Italia o Viktor Orbán en Hungría. Sin olvidarnos de Geert Wilders, que ganó las elecciones en los Países Bajos con un programa crítico con la Agenda 2030, antiislamista o en contra del alarmismo climático.

Plano medio corto de Giorgia Meloni hablando y alzando su mano derecha mientras mira a cámara

La Agenda 2030, en el punto de mira

Si hace poco muy poca gente tenía conocimiento de la Agenda 2030, en las últimas semanas esta doctrina ha saltado al primer plano mediático. Las manifestaciones de los agricultores en Alemania, Francia o España han puesto en el foco esta Agenda que muchos ven como una amenaza para la soberanía nacional de los países europeos. De hecho, ha sido habitual ver consignas y pancartas en contra de la Agenda 2030 en las manifestaciones del sector primario en todo el continente.

Las presiones de los agricultores han provocado que la Unión Europea abra la puerta a revisar la Política Agraria Comuna (PAC). Bélgica, que ocupa actualmente la rotatoria presidencia del Consejo de la UE, afirmó que la normativa debe adaptarse a la “realidad actual”. Añadiendo, según las palabras de la ministra de Asuntos Europeos, que debe evitarse que el sector quede “ahogado por medidas inaplicables”.

Dos tractores en medio de una carretera luciendo pancartas con los lemas 'no a la agenda 2030' y 'menos producto marroquí y más de aquí'

Un giro que evidencia que las numerosas manifestaciones de los agricultores ha obligado a mover ficha a las élites europeas. Saben que deben hacer algo ante el aumento del escepticismo respecto al proyecto europeo, incluida la Agenda 2030. Y más, teniendo en cuenta que nos encontramos a las puertas de unas nuevas elecciones en el Parlamento Europeo, previstas para los días 6, 7, 8 y 9 de junio.

En estas elecciones, Europa se juega mucho. Y las élites que han controlado los hilos en el continente en los últimos años, aún más. Los partidos antiglobalistas llegan en su mejor momento y las encuestas auguran que tendrán un papel fundamental en la próxima legislatura, que en el caso europeo es de cinco años. Esto, los llamados ‘burócratas de Bruselas’ lo saben y parece que son conscientes de que deben mover ficha y adaptarse a una Europa en la que cada vez hay más ciudadanos que discrepan o dudan de proyectos como la Agenda 2030, que hasta hace poco parecían prácticamente indiscutibles.