Plano medio de Sílvia Orriols, mirando a cámara, sentada en su despacho y con las manos en el teclado y ratón de su escritorio

OPINIÓN

Sílvia Orriols marca el camino de Junts

La líder de Aliança Catalana ha pasado de ser criminalizada a condicionar parte de la agenda política del catalanismo

Hace medio año, Silvia Orriols arrasó en las elecciones de Ripoll. Que una catalana rompiera con ese buenismo tan nostrat poniendo sobre la mesa cuestiones como el control migratorio o la tolerancia cero con la delincuencia hizo cortocircuitar el establishment catalán. Porque el catalanismo siempre ha tenido que ser moralmente superior y, claro, ella rompía con su relato. Partidos y medios subvencionados se apresuraron a tacharla de extrema derecha y a proponer vetos y cordones sanitarios, despreciando así el derecho a decidir de los ripolleses.

El caso es que han pasado poco más de seis meses y el panorama ha cambiado. Junts, una de las tres principales fuerzas políticas del Parlament, ya ha asumido parte de su discurso. Han tenido que detener más de 260 veces a once delincuentes multirreincidentes para que esto ocurriera. Pero la inseguridad que este grupo de jóvenes magrebíes ha generado en Calella ha servido para poner sobre la mesa algunos de los debates que Silvia Orriols lleva tiempo reivindicando.

Junts ya abre la puerta a pedir reformas en el Código Penal y algún sector del partido exige abiertamente la expulsión de esa gente que ha hecho de la delincuencia su estilo de vida. Y sí, el giro de Junts tiene que ver con una posible fuga de votos hacia el partido de la actual alcaldesa de Ripoll, Aliança Catalana. Pero sea como fuera, la cuestión de la seguridad ya se ha situado en el centro del debate político. Y parece que ya hemos llegado a un punto de sin retorno.

Los que antes la criminalizaban, ahora compran parte de su discurso. No es el caso de ERC, que igual que la CUP o los Comuns, siguen instalados en el wokismo buenista por su incapacidad y complejos a la hora de tratar ciertos temas. Pero, seamos serios, son temas que cualquier país civilizado trata con toda la normalidad del mundo. Lo que es una evidencia es que, independientemente de que Aliança Catalana acabe entrando o no en el Parlament en las elecciones dentro de un año, Sílvia Orriols ha sacudido el tablero político catalán desde una población de 10 000 habitantes.