Montaje de fotos de unos niños de espaldas en clase atendiendo a la profesora y, en un primer plano, una imagen de Anna Simó con el rostro cabizbajo
OPINIÓN

Cómo mejorar la enseñanza

Hacía décadas que docentes y algunos sindicatos como Profesores de Secundaria denunciaban que un alumno sin rutinas ni hábitos de estudio solía fracasar

Se repite a menudo que el éxito de un buen sistema de enseñanza se halla en la infancia. El Dr. Casas, del hospital del Vall d’Hebron de Barcelona, defiende que un 15 % de los alumnos fracasan por disfunciones no diagnosticadas ni tratadas en infantil o primaria. Y cabe añadir otro 15 % bajo un modelo político alejado del aula. Sumados los dos 15 se acercan tremendamente al 30 % de fracaso total nacional. Si nos centramos ahora solo en las causas adquiridas, este es el marco de nuestro fracaso escolar.

En mayo de 2014 la prensa se hizo eco de unos estudios que explicaban las causas nacionales del batacazo escolar. Desgraciadamente, muchos docentes, algún sindicato y asociaciones de padres llevaban décadas denunciando esas mismas razones, pero sin éxito patente.

La política de este país, alejada de realidades demostradas, de formación más humanística que científica, y pendiente de qué dirá la oposición, hizo caso omiso a todas aquellas investigaciones. Por desgracia, la política atendía más a teóricos alejados del aula que a los que trabajan en ella.

El primer estudio aplaudido por los medios aquel mayo de 2014 fue presentado por la Fundación Jaume Bofill. En este se había observado que cerca del 25 % de los padres no ayudaba ni repasaba las tareas escolares de sus hijos, es decir, desatendía sus hábitos estudiantiles. Desgraciadamente, hacía décadas que docentes y algunos sindicatos como Profesores de Secundaria denunciaban que un escolar sin rutinas ni hábitos de estudio solía fracasar.

Una clase de niños sentados con una profesora levantada

El segundo estudio difundido aquel mayo fue un artículo publicado en la revista PNAS por los sociólogos Yu Xie y Amy Hsin. Ellos, y tras ​​años de investigación, habían llegado a la conclusión que el esfuerzo era más importante que el talento y que, si el sistema educativo no educaba en este sentido, y con gran independencia de los potenciales innatos de los chavales y de las teorías pedagógicas aplicadas, no se alcanzaban los resultados adecuados.

En fin, que llevábamos muchos años sabiendo las causas del problema, pero la incertidumbre política y la de sus asesores habían frustrado todo intento de solución. El hecho, y bajo múltiples cambios de ley y de pedagogías durante los últimos treinta años, es que el fracaso académico persiste a pesar de rebajar el esfuerzo. Miles de pretextos escuché de muchos expertos, pero hay algo muy simple, la verdad quiere pocas palabras, el fracaso esgrime mil excusas.

Visto todo lo anterior, la mejora en la enseñanza no vendrá de la política, y ni mucho menos de sus asesores, sino del compromiso entre los educadores, entre padres y docentes. Solo hay que recopilar todo el corolario de estrategias que funcionan y evitar las pedagogías teóricas que fracasan.

Ya se sabe que es mejor prevenir que curar, y para prevenir alumnos díscolos, pasotas y fracasados solo hay que evitarles una mala educación de raíz, y en caso de padecer disfunciones, ser diagnosticadas y tratadas desde muy infantes. Durante la más temprana edad, y tanto en la familia como en el colegio, deben existir una serie de acciones de probado éxito que eviten así el naufragio escolar, pero ¿cuáles?

Patio del Colegio SEK Catalunya en la Garriga (Barcelona)

El viernes 30 de noviembre de 2012 se celebraron las I Jornadas de Secundaria en el Col·legi de Doctors i Llicenciats de Catalunya. Allí, y entre docentes, se debatieron las causas y las soluciones del desastre escolar nacional.

Cuatro expertos de renombre como Inger Enkvist de la Universidad de Lund en Suecia y miembro del Consejo Sueco de Educación; Ricardo Moreno, catedrático de Matemáticas y autor del libro El Panfleto Antipedagógico; Oriol Pi De Cabanyes, antiguo docente y periodista de La Vanguardia; y Gregorio Luri, pedagogo, catedrático de Filosofía y autor de La Escuela contra el Mundo, expusieron sus datos y resultados al respecto.

Se añadieron a ellos más de cien docentes que, con experiencia probada, manifestaron sus acuerdos con los conferenciantes. El resumen de las jornadas fue enviado a los medios de comunicación, al Departament d’Ensenyament de la Generalitat de Catalunya y al resto de partidos políticos.

¿Que por qué actualmente nuestros estudiantes suspenden más? Pues porque se esfuerzan y estudian menos, incluso los hay que no vienen ni a clase. Quien quiera ahora que lo complique, pero vistas las causas hay que preguntarse lo siguiente, ¿cómo resolver entonces el hundimiento escolar vigente?

En caso de falta de capacidad por disfunciones cognitivas o sensoriales, hay que diagnosticarlas y tratarlas ya en infantil, algo que Estonia y Finlandia practican habitualmente. Pero en el caso de los alumnos capaces, y que simplemente abandonan los estudios, cabe escuchar lo que los docentes han dicho durante los últimos treinta años.

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