Muntatge amb un pla mig de Sílvia Orriols, un altre de Tània Verge més petit i de fons una captura de l'agressió al metro d'un magrebí a una dona

OPINIÓN

Sílvia Orriols, la agresión múltiple en el Metro y el silencio cómplice

Tampoco cabía esperar ninguna reacción de los dirigentes buenistas catalanes respecto al ataque a Orriols si ni siquiera han tenido la decencia de condenar la agresión de un magrebí reincidente a una decena de mujeres en el Metro de Barcelona

Editorial Arnau Borràs

Este viernes, un centenar de "jóvenes comunistas" (sic) que "militan" (sic) en una escisión de Arran -las juventudes de la CUP- fueron hasta Ripoll para increpar, atacar y agredir a Sílvia Orriols y los otros cinco concejales de Aliança Catalana que gobiernan en el municipio.

Ante todo, alguien debería decir a estos "jóvenes" que tener veintibastantes años y vivir aún con los padres o compartiendo piso con tres "camaradas" más no te convierte en joven. Y que en algún momento iría tocando empezar a madurar. Luego, algún ser querido podría comentar también a estos "comunistas" que, seguramente, si Iósif Stalin levantara la cabeza, no tardaría demasiado en enviarlos al gulag, viendo que su "lucha contra el fascismo" se basa en arrojar harina a una mujer.

Hace cierta gracia que aquellos que se autodenominan "clase trabajadora" hayan aparcado sus apuntes de la carrera de ciencias políticas o integración social para agredir a unos cargos electos que, si están gobernando, es gracias, en gran parte, a la voluntad popular de la clase trabajadora de Ripoll. Da igual, ellos seguirán apropiándose del concepto "clase trabajadora" a pesar de que en realidad sean cuatro frikis residuales que no representan a nadie más que su ego y sus ganas de llamar la atención. Claro que tampoco se puede pedir demasiado de una "organización" (sic) que tiene como principal cara visible a Juana Dolores.

Pero más allá de eso, las reacciones que ha provocado el ataque en cuestión también ha dejado retratado a más de uno. ¿Recuerdan el pollo mediático que montaron ERC y sus medios y periodistas afines cuando, supuestamente, un grupo de fieles de Laura Borràs dijo "mora de mierda" a la diputada musulmana de los republicanos, Najat Driouech? Todos salieron en tromba a hacer tuits y comentarios mostrando una gran indignación. Una reacción que contrasta con el silencio que ha habido en las últimas horas en torno al ataque a Orriols. Todos sabemos que, si en lugar de Orriols, la víctima hubiera sido la propia Najat o Tania Verge, la respuesta mediática habría sido distinta.

No es que sorprenda. Ya es la segunda vez que la alcaldesa de Ripoll es atacada. No hace mucho, el primo de uno de los terroristas del 17A (con antecedentes por robo con fuerza, resistencia a la autoridad y abuso sexual) ya la agredió. Entonces, el cártel procesista también optó mayoritariamente por el silencio. Otros, como la portavoz del Govern, no tuvo más remedio que hablar de ello después de que desde el E-Notícies le preguntáramos por el tema. Su reacción fue ponerse de perfil. El "Govern más feminista de la historia" pasando de puntillas sobre la agresión a una mujer, que además es un cargo electo. Casi habría sido preferible el silencio, sinceramente, así se hubieran ahorrado el ridículo.

Volviendo al ataque del viernes, alguna reacción sí ha habido. Junts per Ripoll, que se nota que todavía no han digerido el batacazo electoral del pasado 28 de mayo, directamente ha acusado a Sílvia Orriols de haber provocado que la atacaran, al más puro estilo "es que llevaba minifalda". Dani Vilaseca también ha dicho la suya. El líder de la CUP en Ripoll y cliente del Lidl, le reprochó que no asistiera a un acto que se llevaba a cabo a la misma hora que estaba siendo agredida, guardando silencio respecto al ataque en cuestión.

Curiosamente, la única reacción racional que he visto ha sido la de Alejandro Fernández, quien ha recordado que las agresiones, sobre todo a cargos electos, son "inadmisibles". Nadie puede negar la coherencia que el presidente del PP catalán ha demostrado a lo largo de su carrera política. Y, este fin de semana, ha vuelto a hacerlo dando una lección a mucha gente que se llena la boca de feminismo, pero que después solo condena la agresión a una mujer si puede sacar algún rédito político. Si no, silencio.

Claro que tampoco cabía esperar ninguna reacción de los dirigentes buenistas catalanes respecto al ataque a Sílvia Orriols si ni siquiera han tenido la decencia de abrir la boca para condenar la agresión de un magrebí reincidente a una decena de mujeres en el Metro de Barcelona, otro éxito de la "Cataluña de los 8 millones". Ni Tània Verge ha condenado los hechos.

Durante la semana, nuestra gran guardiana de los feminismos (un día ya hablaremos de la perversidad que representa que el Govern potencie el concepto feminista en plural) volvía a hablar del caso Rubiales en Twitter, que se ve que no se había hablado lo suficiente todavía. En una publicación afirmaba que "se acabó la impunidad", pero en esta ocasión se limitó a dar ánimos a las mujeres agredidas. Ni en las obras del Cirque du Soleil pueden verse tantos malabares como los que ha tenido que hacer la Honorable Consejera este fin de semana.

También es verdad que tiene cierta lógica que algunos no hablen demasiado de los hechos del Metro. Porque todo lo que no sea pedir y promover la expulsión de este magrebí misógino inadaptado es convertirse en su cómplice. Pero mejor no descartamos nada en las próximas horas. Que la capacidad del wokismo catalán de explorar los límites del ridículo son inimaginables por nuestras mentes fascistas heteropatriarcales. Y ya me sorprendería poco que mañana saliera alguna Tania Virgen o Basha Changue a pedir respeto por el agresor porque también es víctima de vete tú a saber qué opresión. Una opresión que, por supuesto, sería culpa de los hombres blancos, europeos, cis y heteros.

PS: Y un último apunte. Volviendo al ataque a Silvia Orriols, los frikis de la harina aseguraron que iban a Ripoll a "plantar cara a la barbarie". Lástima que, justo ese mismo día, la barbarie no estaba precisamente en Ripoll, sino en el Metro de Barcelona. Claro que, seguramente, al agresor del Metro le consideran "clase trabajadora" y, por tanto, uno de los suyos.