El capitán Maciá, de perfil y con rostro serio, en el Regimiento de Ingenieros número 4 de Barcelona

OPINIÓN

El fundador de Esquerra Republicana de Cataluña

Los hechos del Cu-Cut que motivaron a Macià a presentarse como candidato a las Cortes de 1907

Imagen del Blog de Joaquín Rivera Chamorro

En los días que nos ha tocado vivir, sufrimos de desdibujo dogmático de la realidad. En momentos en los que la polarización no permite hacer un acercamiento histórico sin que no haya una sentencia de reflujo gastroesofágico de unos u otros, es complejo hablar de cualquier personaje de la historia contemporánea sin que nadie sentencie sin miramientos al mismo.

Hoy, el que les escribe, al amparo de unos días en los que hasta en algunas guerras se permiten unas horas de tregua, les propone adentrarse en un hombre que fue enterrado hace nueve décadas y que aún hoy, ante una tumba donde yace un cadáver descorazonado, se postulan las más altas autoridades de la Generalidad de Cataluña, institución de la que fue su primer presidente.

En esta sección se han recordado hechos y sucesos de los que Francesc Macià fue especial protagonista. El Complot de Prat de Molló, la feliz idea de Fernando de los Ríos que supuso la creación de la Generalitat, los hechos del Cu-Cut que motivaron a Macià a presentarse como candidato a las Cortes de 1907 o la inclusión de Ramón Franco Bahamonde en las filas de la Esquerra Republicana de Cataluña han cubierto varios artículos de este espacio.

El periodo vital de Macià tiene dos trayectorias increíblemente distintas. Siempre se destaca, se subraya e, incluso, se mitifica como si se tratara de un héroe rescatado por historiadores románticos del siglo XIX, el Macià político, el revolucionario, el incombustible luchador, el independentista, el desafiante carácter de un septuagenario con vocación de Quijote catalán. Sin embargo, su vida anterior, hasta cumplir los 47 años y formar parte de Solidaridad Catalana, apenas se menciona. Como si Macià hubiera nacido en 1907 y llegado a su adolescencia en 1919, cuando habla, por primera vez, de independencia.

Francesc Macià en su orla de fin de curso del Instituto

Francesc Macià no es una excepción

Todos somos prisioneros de nuestras acciones y nuestro propio pasado. Francesc Macià no es una excepción.

Sus padres eran procedentes de Les Borges Blanques, una localidad de la comarca leridana de Las Garrigas. El medio productivo fundamental de aquel lugar era el aceite de oliva y, gracias a él, Juan Macià Artigas había hecho una pequeña fortuna. Movidos por los vientos de la prosperidad, se mudaron a Vilanova i la Geltrú en 1855. Allí abrieron un mesón dos años después sin dejar el negocio de la compraventa de aceite que traían desde l'Álbi, una población cercana a su pueblo natal.

Los negocios iban bien y se permitieron la compra de algunas tierras en Les Borges Blanques y Joan de l'Álbi, que así llamaban en Vilanova al padre del primer presidente de la Generalitat, fue adquiriendo importancia hasta el punto de ser uno de los impulsores del Casino de la ciudad.

El acta de nacimiento del 21 de septiembre de 1859 refleja que, a las nueve de la noche de ese día, José Macià Llusá venía al mundo. Probablemente, una errata o un cambio de opinión antes del bautismo, transformó a José en Francisco y con ese nombre firmaría hasta ser un hombre de más de 50 años cuando decidió cambiarlo por Francesc.

En 1874, con 15 años, Francisco Macià se gradúa en el Colegio Libre de 2ª Enseñanza de Villanueva y Geltrú, según aparece en su orla de curso.

El joven estudiante se postuló para superar el exigente examen de ingreso de la Academia de Ingenieros del Ejército que se situaba en ese momento en Guadalajara, lo que, junto a otros 36 compañeros, consiguió. Cinco años después, el 24 de diciembre de 1879, tan solo 15 de los que habían iniciado el exigente curso preparatorio consiguieron obtener su despacho de teniente. Uno de los que compartió camaretas, aulas y pasillos con el villanovés, fue Bernardo Cernuda y Bauza, quien llegaría a ser coronel y padre del poeta Luis Cernuda.

Francesc Macià, su familia y sus criados en la finca Vallamanya durante una jornada de caza

Durante su periodo académico, con los Carlistas próximos a Guadalajara, los alumnos de Ingenieros tuvieron que participar en acciones defensivas como un soldado más. El jovencísimo Macià consiguió por esos hechos una Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco, la única condecoración que recibió en su historia.

Pasó por unidades de Pontoneros, Telegrafistas y consiguió volver a Cataluña al mando de una Compañía de Zapadores del cuartel de las Atarazanas, aquel que estaba al inicio de la Rambla de Santa Mónica.

El Ejército Español contaba entre sus filas con cientos de oficiales catalanes, el Cuerpo de Ingenieros no era una excepción. Solo hay que echar un vistazo a la lista de estos en el Cuarto Regimiento del Cuerpo, en el que estaba destinado el capitán Macià, para apreciar la cantidad de apellidos genuinamente catalanes.

En 1888, antes de cumplir los 30 años y tras ejercer cuatro como capitán, consiguió un puesto en Lérida, una ciudad de provincias que, sin embargo, le proporcionaba un destino cómodo, sin mando de tropas y dedicado al diseño de edificaciones militares; la Comandancia de Ingenieros de la Guarnición.

Los negocios de su padre empezaron a flaquear y al fallecer este solo se heredaron deudas. Un oficial debía aparentar un nivel de vida que no correspondía con lo exiguo de su salario. Sin embargo, en un baile de disfraces en los que se citaba lo más granado de la sociedad leridana, conoció a la joven Eugenia Lamarca i Mier, una muchacha hija del abogado Agapito Lamarca, que además de ejercer el estudio de las leyes era un hombre de negocios y un rico hacendado que nunca aprobó la boda con aquel hijodalgo uniformado. 

En los años siguientes estuvo deambulando entre Lérida, Gerona y Barcelona. En 1893 decidió entrar en el mundo de los negocios, asociándose con un jardinero francés que había inventado un sistema de hormigón armado con mallas de alambre. Con ello se podían fabricar elementos de jardinería, estanques, abrevaderos, acetas, etc. El francés era Joseph Monier y el capitán Macià registró dos patentes, introduciendo este sistema de construcción en España. Sin embargo, no tuvo éxito en el mundo de los negocios a pesar del esfuerzo capitalista de su esposa que lo aportaba de un avance al testamento legal de Agapito Lamarca.

Listado de oficiales del Regimiento del Primer Batallón y el Segundo Batallón

1895 trajo el ascenso de Macià a comandante, la Tercera Guerra de Cuba y el intento del militar de incorporarse al Cuartel General del general Valeriano Weyler, capitán general de Cataluña que había sido destinado a la Isla tras el fracaso inicial de Arsenio Martínez Campos. Para desagrado de nuestro protagonista, otro oficial de Ingenieros fue seleccionado para tal misión, quedando Macià en la Comandancia de Lérida.

En 1897 murió su suegro y, a partir de ese momento, se convirtió en un hacendado. Una ostentosa finca situada en Alcarrás, llamada Vallmanya, fue el tesoro más preciado del legado de Agapito Lamarca. Allí el comandante, gran aficionado a la caza, pasaba todo el tiempo libre del que disponía. Su situación económica era más que desahogada y tenía personal y criados que cuidaban de la casa y de las tierras.

Durante este tiempo diseñó un proyecto de traída de aguas para cubrir la higienización de Vilanova y la Geltrú, pidiendo ayuda directamente al rey Alfonso XIII al que manifestó estar eternamente agradecido.

Así lo recordaba cuando le propusieron formar parte de Solidaridad Catalana presentándose como candidato a Diputado en 1907 advirtiendo a los que le pedían que se uniera a la candidatura, que había unos puntos que debía dejar claros:

“Les dije que yo había pertenecido treinta años al Ejército, que le tenía un cariño grandísimo y que al Ejército habría que apoyar siempre con mis iniciativas y con las de mis queridos compañeros, porque yo le quería con toda mi alma” (…) “Les dije también que tenía una deuda de gratitud con D. Alfonso XIII y que esta deuda de gratitud me obligaría por toda mi vida a ser partidario de D. Alfonso XIII; y ellos, la mayoría de los cuales eran antidinásticos, me dijeron que la gratitud me obligaba y que hacía perfectamente”.

En ese momento, Francesc Macià, D. Francisco como era reconocido entonces, tenía 47 años y nadie podía imaginar su evolución al independentismo, la cual se produjo a partir de 1919, pero, esa es otra historia digna de ser contada.