Plano americano de Ruben Wagensberg en un atril promocionando la manifestación de Queremos acoger junto a otras personas que están a su lado

POLÍTICA

Ruben Wagensberg, el impulsor del 'Volem acollir' que se ha fugado a la próspera Suiza

Por alguna extraña razón, muchos políticos progres catalanes que huyen de la justicia no se van a vivir a Lampedusa, sino al considerado mejor país del mundo

Jordi Cuixart, Marta Rovira, Anna Gabriel… y ahora Ruben Wagensberg. La colonia de procesistas que han decidido ir a vivir a Suiza para huir de la llamada “presión judicial” española no para de aumentar. Todos ellos, representantes de la izquierda y del buenismo catalán respecto a la inmigración, apuestan por irse a vivir a la capitalista, próspera y rica tierra helvética.


 

Ruben Wagensberg, impulsor de la campaña ‘Queremos acoger’

El último “exiliado” (aunque él niega esta etiqueta) a Suiza es Ruben Wagensberg, al que el juez del Tsunami le ha puesto la lupa encima. El diputado de ERC saltó a la fama tras impulsar la iniciativa “Nuestra casa, vuestra casa”, que derivó en la ya famosa campaña “Queremos acoger”, que suscribieron todos los partidos procesistas entre el año 2016 y 2017. Afín a la idea de “papeles para todo”, siempre ha sido un activista a favor de las políticas de acogida. Su activismo, además, le sirvió para dar el salto a la política institucional de la mano de Esquerra, siendo diputado en el Parlament con un sueldo de 97.500 euros anuales.

Ahora se marcha a vivir temporalmente al país helvético por la presión judicial y por una cuestión de salud mental. De este modo, sigue los pasos que anteriormente marcaron otros dirigentes de la izquierda buenista catalana y miembros del cártel procesista como Anna Gabriel (CUP), Jordi Cuixart (Òmnium) o Marta Rovira (ERC).

El diputado de ERC, Ruben Wagensberg, con rostro serio interviene durante una sesión plenaria en el Parlament de Cataluña, a 19 de octubre de 2021, en Barcelona, Cataluña

Suiza, una de las mecas del capitalismo, es considerado el mejor país para vivir. Así lo determina el estudio del Índice de Desarrollo Humano elaborado por la ONU. Más allá de la prosperidad económica del estado, el índice de la inmigración procedente del norte de África -la considerada más conflictiva por el choque cultural que representa con los valores de occidente- es muy baja comparada con otros países como Francia, Italia e incluso España. Además, en los últimos años Suiza ha prohibido la construcción de minaretes y el uso del burka en espacios públicos.

En cuanto a la delincuencia, Suiza es uno de los países occidentales con la tasa de criminalidad más baja. Por poner un ejemplo, los robos cometidos en el país helvético se sitúan en 21 por cada 100 000 habitantes, mientras que en España la cifra llega al 133.

Destaca que todos ellos apuesten por ir a Suiza, un país que, además, recientemente ha reforzado sus fronteras ante el aumento de la inmigración ilegal. Por alguna extraña razón, no se marchan a lugares como, por ejemplo, Lampedusa, donde la gestión migratoria es mucho más complicada. Parece, pues, que una cosa son las palabras y otra diferente los hechos.