Henry Kissinger sonriendo a la cámara con un avión de EE.UU. detrás
OPINIÓN

Kissinger, el Kaspárov de la guerra fría

En el sistema anárquico que constituyen las relaciones internacionales, no existen escrúpulos ni piedades, tan solo intereses

Imagen del Blog de Joaquín Rivera Chamorro

EL TABLERO MUNDIAL

En el sistema anárquico que constituyen las relaciones internacionales, no existen escrúpulos ni piedades, tan solo intereses. Estos son los que generan alianzas antagónicas y antinaturales, pero son las que permiten sobrevivir a los estados con menos poder económico o militar.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la bicefalia en el liderazgo global se establecía basándose en dos conceptos: El poderío económico del libre mercado que promulgaban los Estados Unidos y seguía una Europa muy dependiente de su poderoso aliado, contra el valor más contundente del bloque del Este, la ideología. Ambos, en pugna por el dominio mundial, añadían a sus fortalezas la militar, reforzada por la capacidad de eliminar al adversario o, incluso, para acabar con cualquier atisbo de vida en el planeta. La disuasión nuclear sirvió para que dos potencias no combatiesen directamente entre ellas, salvando con ello millones de vidas.

Sin embargo, el desgaste estratégico del enemigo se dirimía en campos de batalla de naciones del tercer mundo que se convirtieron en cementerios de jóvenes americanos y soviéticos durante la Guerra Fría.

Los contrapesos internacionales de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, que les otorgaban derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, hicieron que el organismo no fuera más que un títere en manos de las dos potencias, las cuales, a la postre, eran las que sostenían económicamente la organización.

En ese mundo bipolar en la que cada crisis entre los mastodontes nucleares hacía contener el aliento de la población mundial, se desenvolvía como pez en el agua un judío alemán de familia humilde que había acabado en Estados Unidos huyendo del Régimen creado por el Partido Nacional Socialista Obrero Alemán. 

Retrato en blanco y negro de un joven Kissinger en el año 1950

UN ALEMÁN EN NUEVA YORK

Henry Kissinger tenía 16 años cuando llegó a Nueva York en 1938 y fue un hombre que se hizo así mismo, trabajando y estudiando al mismo tiempo y siendo un excelente y aplicado alumno que consiguió ingresar en la Universidad de Harvard, en la que llegó a doctorarse en 1954, teniendo en cuenta que previamente había sido reclutado para participar en la Guerra con el Ejército Norteamericano. Como muchos otros inmigrantes alemanes, fue asignado a unidades de Inteligencia, en las que sirvió hasta 1946.

Su brillantez en temas de Defensa y de Diplomacia le llevó a ser asesor del Consejo Nacional de Seguridad y, a partir de ese momento, estuvo ligado de una u otra forma con el Estado, aunque permaneció en Harvard como profesor.

Fue un colaborador recurrente de la prestigiosa revista “Foreing Affairs”, en la que escribió cosas como que “solo los riesgos son ciertos; las oportunidades no son más que conjeturas”.

Su estilo era el de anticiparse a las crisis, ya que opinaba que en política exterior no había soluciones basadas en el empirismo, de modo que se posponían constantemente compromisos y se llegaba tarde a cualquier acontecimiento. 

Comenzó a tener un papel de relevancia con el Gabinete Kennedy, aunque confesaba que su experiencia fue muy negativa porque consideraba que no había una estrategia general y que eran prisioneros de los eventos.

Fue un gran defensor de la disuasión nuclear, de hecho, durante la crisis de los misiles de 1961 sugirió planear un uso limitado de armas nucleares en caso de que las fuerzas terrestres de la OTAN fueran desbordadas al intentar mantener el acceso al Berlín dividido. 

NIXON

Fue con Richard Nixon donde encontró la autonomía que se le había negado con los Demócratas. Desplegó toda su teoría de la anticipación en un momento clave en la rivalidad con el bloque soviético. 

Continúo con su política de aplicación de la fuerza en servicio del orden internacional, como en 1969, cuando aún era parte del equipo de Seguridad Nacional del controvertido presidente, cuando Corea del Norte derribó un avión de reconocimiento estadounidense en aguas internacionales. Kissinger se convirtió en la voz principal que abogaba por un ataque a una base aérea norcoreana en represalia, algo que Richard Nixon evitó hacer.

Instantánea en blanco y negro de Henry Kissinger, señalando la cámara, con Richard Nixon a su lado

Sin embargo, cuando aconsejó lanzar una ola de bombardeos secretos a bases militares norvietnamitas en Camboya, el presidente accedió, pensando que sería un claro mensaje para soviéticos y chinos.  

La retirada de Vietnam supuso una obsesión para Kissinger, que se esforzó en evitar que la visión de los Estados Unidos como superpotencia no perdiera credibilidad. De ese modo, mientras se replegaban tropas sobre el terreno poco a poco, se intensificaban los ataques aéreos, extendiendo la zona de combate a la neutral Camboya. 

La complejidad fue aumentando con el tiempo, la Guerra del Yom Kippur de 1973, en la que varios países árabes atacaron Israel, le sorprendió y le asustó. En esa ocasión no se había anticipado. Israel tuvo problemas para poder sostenerse y Kissinger apoyó un puente aéreo de apoyo norteamericano. En cualquier caso, tenía una especial obsesión para que ni árabes ni judíos pudieran caer bajo la influencia soviética.

Timothy Naftali, historiador norteamericano especialista es seguridad internacional y en el periodo de la Guerra Fría, acusa a Kissinger de tener un gran defecto, el de ver el mundo a 10.000 metros de altura, con la visión de los poderosos y sin percibir el sufrimiento que sus decisiones podían originar. La frialdad del técnico que no ve cadáveres, sino estadísticas o beneficios para mejorar la posición de sus piezas de ajedrez. 

En Chile, la administración Nixon continuó la política iniciada por Kennedy de ejecutar acciones encubiertas para evitar que Salvador Allende se convirtiera en presidente y, de ese modo, pudiera inclinarse hacia el bloque soviético. Kissinger supervisó los esfuerzos de la CIA para organizar un golpe militar que acabara con el líder socialista chileno, dijo: “No veo por qué tenemos que dejar que un país se vuelva marxista, solo porque su gente sea irresponsable”. Lo cierto es que el golpe no llegó a fraguarse, hablamos de 1970, sin embargo, sin apoyo estadounidense, se fraguó una acción similar por parte de las fuerzas chilenas lideradas por Pinochet, que acabó con Allende en 1973.

Los bombardeos indiscriminados sobre Vietnam durante los años 70 tuvieron como resultado la muerte de centenares de civiles, no suponiendo ventaja estratégica alguna.

Kissinger abandonó el Departamento de Estado en 1977, pero no dejó de ejercer su influencia y su consejo en el resto de gabinetes. Incluso, fue hasta hace bien poco, uno de los miembros permanentes del famoso Club Bilderberg, del que escribimos en estas páginas. 

Henry Kissinger sonriendo a la cámara con un avión de EE.UU. detrás

EL REY DE LA REALPOLITIK

Amante de la “realpolitik”, pronunció aquella famosa frase de “Europa no tiene teléfono”, para referirse a la dispersa y dividida acción exterior de la Unión Europea que, a pesar de ser un considerable poder económico, no deja de presentarse como un ente menor en la escena internacional, superado por sus propios estados miembros como electrones libres y, en cuanto a su poderío militar, es prácticamente irrelevante.

También fue el promotor de la reapertura de relaciones con China, uno de sus mayores éxitos diplomáticos y que nos dejó para la historia las imágenes de un envejecido Mao sentado junto a Richard Nixon. 

Sus detractores le acusaban de estar desprovisto de cualquier empatía humana y anteponer siempre los intereses norteamericanos, aunque eso costara miles de vidas en la otra cara del planeta.

Kissinger consiguió vivir 100 años con un balance de miles de muertos a sus espaldas, pero, en contrapartida, sus acciones pudieron salvar también incluso más vidas que las perdidas. La historia le condenará o absolverá cuando sus contemporáneos hayan desaparecido por completo.

En cuanto a su posible implicación en la muerte de Carrero Blanco, no existe mención alguna en los documentos desclasificados que puedan demostrar tal relación. Como siempre, está sujeto a las teorías de la conspiración.

De lo que no cabe duda es de que el asesinato del almirante facilitó las cosas para que la Monarquía Parlamentaria tuviera menos obstáculos y la suficiente fortaleza como para tener muchas posibilidades de supervivencia y evitar cualquier debilidad que hiciera caer a España del lado marxista, pero… Esa es otra historia digna de ser contada. 

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