El número uno de ERC al Congreso Gabriel Rufián, durante un mitin para las elecciones del 23J en la plaza Comercial, a 17 de julio de 223, en Barcelona

POLÍTICA

El zasca de la futura vicepresidenta de Javier Milei a Gabriel Rufián

De los que duelen

Javier Milei, presidente electo de Argentina, lo demuestra: al final, todo se reduce a escoger entre libertad e igualdad. Lo de fraternidad, hora es ya de decirlo, estaba para completar la regla de los tres elementos que funciona también en Llegué, Vi y Vencí o Padre, Hijo y Espíritu Santo.

En Argentina, y de manera diáfana, han escogido libertad. Mientras, aquí, hay gente como Gabriel Rufián que imponen la igualdad vía pactos de dudosa inspiración que convierten, eso sí, a algunos en más iguales que el resto. Por suerte, y mientras aquí le reímos las gracias, desde Argentina llega quien le cierra la boca. Es, ni más ni menos que Victoria Villarruel, que suena como vicepresidenta del Ejecutivo que armará ‘El Peluca’.

El que fue a por lana…ya sabemos cómo acabó

Y es que Victoria, que quizá sea lejana descendiente del bien conocido en la Barcelona dieciochesca Antonio de Villarroel, dejó sentado al de Santa Coloma hace ahora cuatro años. Rufián, por aquello de calumniar que algo queda un 12 de Octubre, cayó en ese lugar común según el que el Descubrimiento fue más invasión que otra cosa. Se atribuyó, ahí es nada, la portavocía de hasta 17 países iberoamericanos.

Villarruel, hija de un veterano de Las Malvinas, le respondió con notable contundencia. Su quizá lejano antepasado Villarroel -el del siglo XVIII- acabó, por cierto, bastante aburrido del 'procesismo' de su época. Especialmente, de los majaretas que nombraron comandante general de la Barcelona sitiada a la Virgen de la Merced. Y todo porque él prefería capitular dignamente a afrontar un asalto.

¿Se encontrarán algún día este par?

Habida cuenta que Rufián, aunque no se haya visto agraciado con ministerio alguno, tendrá papel destacado bajo la égida sanchista puede que hasta se cruce con Villarruel. Quizá, entonces, la ya vicepresidenta in pectore se lo diga directamente y de viva voz.

¿Intentará Rufián hacer como si nada silbando tangos? Sea como fuere, lo que le pasó no es nada extraño. ¿Por qué? Pues porque el procesismo es especialista en atribuir a todo el mundo opiniones que sólo defienden los fieles de tal religión. Lo dicho: entre libertad e igualdad, hay que escoger. ¿Cuánto tardaremos en poder volver a hacerlo por aquí? Veremos.

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