Montaje con un plano medio de Pedro Sánchez riendo mientras aplaude y un plano medio de Salvador Illa con cara seria

POLÍTICA

El reto del PSC de no pagar los platos rotos de Pedro Sánchez

La estrategia del PSC de presentarse como una fuerza centrada y de consenso acusa el coste electoral de la amnistía

Pedro Sánchez no solo se endeuda económicamente, también lo hace políticamente: acumula deudas y paga los intereses con más deuda. La amnistía es un ejemplo: necesaria para la investidura y con cuatro años para pagarla, o sea, para que se olvide. El problema es que estos tempos no coinciden con los de Cataluña y eso supone un problema para el PSC.

Un aterrizaje suave

Salvador Illa ha tomado la estrategia propia de su carácter: moderación y dejar que griten los otros. Mientras tanto, él capitaliza el PSC como la única opción para un aterrizaje social suave tras muchos años de ‘procés’. Pero esta estrategia se ha encontrado ahora con el imprevisto de la amnistía y, más en particular, del coste electoral de la amnistía.

Es la cuestión de los tiempos: de Cataluña, Sánchez ya tiene lo que quería, que era la ventaja sobre el PP y los votos nacionalistas. Por lo demás, confía en que Illa se haga con la presidencia de la Generalitat: en tal caso, su posición de fuerza sobre ERC y Junts sería máxima. Les habría enredado con mesas mientras les robaba la Generalitat para después ponerse la medalla de haber sacado a los nacionalistas de las instituciones.

Salvador Illa, ministro de Sanidad entre 2020 y 2021

Pero la especulación siempre tiene el mismo coste: un alto riesgo. Según datos a los que ha tenido acceso El Confidencial, circulan encuestas por Moncloa que restan 600.000 votos al PSC. Es decir, la factura social de los siete diputados de Junts, que además viene con intereses de demora. Porque si Bildu tiene Pamplona, algo pedirá también Puigdemont.

La táctica de los bloques

La táctica de Sánchez de los dos bloques lleva a que los nacionalismos perciban al gobierno central como un cajero. Mientras dure, seguirán pidiendo, sabedores de que tanto ellos como Sánchez están atados de pies y manos entre sí. Y esto, la ciudadanía, lo entiende como un chantaje de minorías.

Chantaje que, según estas encuestas de consumo interno, le costaría al PSC la mitad de los votos que obtuvo en las últimas generales. El caso es que circulación de los flujos electorales llevó a muchos votantes de Ciudadanos de vuelta al PSC. Ese voto se reconduciría ahora al PP o a la abstención, una parte también podría volver a Ciudadanos e incluso Vox piensa batallar por ellos.

Salvador Illa, en definitiva, se ve inmerso ahora en la lógica de la división, que lo pone en una situación menos cómoda de la que desearía. Como tantos otros que bailan el compás de Sánchez, el líder del PSC ha tenido que pasar de asegurar que no habría amnistía a tener que contar con ella. Sea como fuere, viene un 2024 intenso: temas inéditos como el de la inseguridad, presupuestos temblorosos y la disputa electoral entre ERC y Junts. Y el PSC luchando para no tener que pagar los platos rotos de la ambición de Pedro Sánchez de seguir en la Moncloa a toda costa.  

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