Plano americano del rey Felipe de perfil mirando un cartel naranja con los nombres de Miró y Picasso
POLÍTICA

El procesismo la emprende ahora contra el Museo Picasso

Alay, cercano a Puigdemont, dice que no hay que ir allí

Josep Lluís Alay, además de tener el dudoso honor de ser uno de esos “señoritos que se creen James Bond” de los que hablaba Gabriel Rufián y que se paseaban por Europa “con la gente equivocada”, parece no ser muy de pintura en general. Al menos, y a tenor de sus últimos apuntes en Twitter, no le gustan nada, en particular, ni Picasso ni Miró. En la red social de Elon Musk, esta semana, cargaba, ni más ni menos que contra el Museu Picasso, uno de los más visitados de Barcelona. Animaba, en concreto a boicotear la muestra que, con obras de los dos pintores celebra, dice el Museu, “la complicidad y amistad de estos dos artistas”.

¿Y por qué esa manía a dos genios?

La pintura, a Alay, le da en realidad lo mismo. Y eso, en alguien que es historiador de carrera y profesión es, casi, crimen de lesa humanidad. Lo que le molesta de la exposición, en concreto, no son ni las obras que incluye ni los artistas que las realizaron.

Le molesta algo más prosaico y banal. En concreto, lo que le altera es que Felipe VI haya decidido visitar esta semana la exposición. Lo hizo el día 18 junto al Alcalde de BarcelonaJaume Collboni y el Ministro de Cultura, Miquel Iceta.

Sólo ese hecho, basta para que Alay, desde la atalaya que parece considera su perfil en Twitter, aconseje no visitar la muestra. ¿Otro alarde de sectarismo procesista?

¿Y quién es Alay exactamente?

Además de ser blanco de las invectivas de Rufián, Alay es uno de los más estrechos colaboradores de Puigdemont en sus contactos con Rusia. Llegó, de hecho, hasta ser juzgado de julio de 2022 por una compraventa de petróleo entre compañías rusas y chinas.

Según el juez, tras la operación se ocultaba una trama de financiación ilegal en la que Puigdemont sería el máximo beneficiario. La operación, además, calcaba otra similar que implicó también a Rusia. El beneficiario, en aquel caso, era otro ilustre desestabilizador europeo tan de derechas o más que Puigdemont: Matteo Salvini, de la Liga Norte.

Al final, todo quedo en nada, porque el juez, aunque detectó datos “con apariencia delictiva” no fue capaz de hallar indicios de criminalidad concretos. Además de comisionista petrolífero internacional, Alay se gana la vida como profesor de historia. Dirige, en concreto, el Observatorio del Tíbet y el Asia Central desde 2001. Y, como deja claro, ni Picasso ni Miró le interesan. Él se lo pierde.