Montaje fotográfico con 2 cabezas de Santiago Abascal, una mirando hacia Alberto Nuñez Feijoo y otra mirando a María Guardiola

POLÍTICA

El PP se la envaina con Vox en Extremadura

María Guardiola pasa de acusar a Vox de 'demonizar' los inmigrantes a abrir las puertas al pacto

María Guardiola, la líder de los populares en Extremadura, da marcha atrás en su cruzada con Vox. Sus ataques habían abierto una crisis en la derecha a menos de un mes para las elecciones generales. La presidenta del PP extremeño asume ahora que "es imprescindible el respeto, el diálogo y el acuerdo programático con Vox".

Las generales del 23-J plantean un escenario de frentes entre la izquierda y la derecha. Los pactos municipales y autonómicos habían consolidado la alianza entre PP y Vox, pero el desacuerdo en Extremadura amenazaba con volar todos los puentes. “En mi partido caben todas las sensibilidades excepto Vox”, dijo María Guardiola.

Bajada de pantalones en Extremadura

La presidenta del PP extremeño fue tan dura que acusó al partido de Santiago Abascal de negar la violencia machista y demonizar a los inmigrantes. Conscientes de que la crisis desmovilizaba el voto de la derecha, la dirección nacional presionó a Guardiola para dar un volantazo. El domingo a medianoche, la presidenta mandó un correo a los miembros de la ejecutiva para rebajar la tensión.

Primer plano de Santiago Abascal con cara de enfadado

María Guardiola se muestra dispuesta a aparcar sus diferencias y priorizar el cambio de gobierno en España. De hecho, en su tierra ya dan por hecho que incluirá a Vox en el futuro gobierno. Pero su rectificación significa algo más, permite recoser la alianza conservadora para poner rumbo a la Moncloa sin fisuras.

La temeridad de Guardiola puso en jaque durante 72 horas la victoria sobre el sanchismo el 23-J. Entre otras cosas, porque el rechazo a Vox otorgó la presidencia del Parlamento extremeño a los socialistas. Y ahora el PSE puede manejar a su antojo los tiempos de la constitución del nuevo gobierno para desgastar a sus adversarios.

El PP y Vox, condenados a entenderse

Si algo ha demostrado el caso de Extremadura es que el PP está condenado a entenderse con Vox. La dirección nacional trató de justificar a la lideresa extremeña con aquello de la proporción de los votos en cada comunidad. Una tesis que no sirve, porque lo que marca la urgencia de los pactos es la necesidad, no la cantidad.

Puesto que la estrategia electoral del PSOE consiste en agitar el miedo a Vox, Feijóo se esfuerza por buscar el centro y desmarcarse de Abascal. Pero en la medida en que los populares necesiten a los diputados de Vox para gobernar, no tendrán más remedio que imponer el pragmatismo. Lo contrario, la exquisitez de María Guardiola, no es más que una bombona de oxígeno a un sanchismo que se agarra al clavo ardiendo.

Contra la ideología woke

María Guardiola no ha entendido que la del 23-J, más que una contienda política, es una batalla cultural. Se dio cuenta en el feudo del PP más desacomplejado, durante la investidura de Isabel Díaz Ayuso en Madrid. Pesos pesados del partido como Mazón o Mañueco le torcieron el gesto mostrando su malestar.

Guardiola entendió que es un verso libre en un Partido Popular dispuesto a asumir el marco ideológico de Vox para llegar a la Moncloa. Esto significa sacudirse algunos complejos y contrarrestar la ideología woke imperante en el bando rival.

Así es como María Guardiola pasó en 72 horas de enarbolar la bandera LGTBI o del buenismo con la inmigración a ceder ante las urgencias de los nuevos tiempos.