Primer plano de Vladimir Putin
POLÍTICA

Nuestro hijo de p...

Más vale hijo de p... conocido que hijo de p... por conocer

A todas las cancillerías europeas se les han puesto por corbata. Tanto criticar a Putin, pero más vale ‘hdp’ conocido que ‘hdp’ por conocer. Más con un arsenal nuclear de por medio.

Porque Putin, a pesar de lo que digan, no es un loco. Ni un Hitler. Tampoco un demócrata convencido al estilo Churchill. Pero cuando ha sido Rusia una democracia estilo occidental. Pues entre febrero y octubre de 1917. Entre Kerenski y Lenin, en plena I Guerra Mundial. O sea que no sirve. Y ya saben cómo acabó la cosa.

El otro día me decía el historiador Joaquim Coll que la revolución de octubre, paradigma de todas las revoluciones, fue en realidad un golpe de estado.

Por eso -en materia de relaciones internacionales, como en la vida- yo siempre prefiero hijo de puta conocido que hijo de puta por conocer.

La frase es atribuida a Kissinger, que acaba de cumplir cien años de edad, respecto a Pinochet, pero parece que la dijo Roosevelt (1882-1945) respecto a Anastasio Somoza padre (1896-1956). Digo “padre” porque el hijo también fue dictador de Nicaragua a mediados de los 70. Bueno, pues con Putin lo mismo: ¿qué prefieren a este o al de las salchichas en el Kremlin?

Hay un caso paradigmático en el de Gadafi (1942-2011). Yo que he estado incluso en el cementerio de Lockerbie no voy a salir en su defensa.

Durante su régimen los servicios secretos libios pusieron una bomba en el vuelo 103 de la Pan Am. Explotó en pleno vuelo encima del citado pueblecito escocés. Murieron 259 personas entre pasajeros y tripulantes. Además de once vecinos de la localidad. Años después Reino Unido, Francia y Estados Unidos bombardearon Libia.

David Cameron y Nicolas Sarkozy sucumbieron a las presiones de un intelectual francés, Bernard-Henri Levy, que hizo campaña a favor del bombardeo. El resultado es conocido: Libia es ahora no solo un estado fallido sino algo peor: un estado fragmentado. Y los italianos tienen el salafismo a menos de mil kilómetros de sus costas.

Un vacío de poder se rellena generalmente con algo mucho peor.

Por eso, insisto: más vale hijo de puta conocido que hijo de puta por conocer.