Jordi Turull rodeado de Laura Borràs y Carles Puigdemont
POLÍTICA

Junts vuelve a la guerra interna: las familias que batallan para dominar el partido

La polémica por el caso de Aurora Madaula ha reavivado, tras la investidura de Pedro Sánchez, las grietas de un partido dividido de forma cada vez más evidente

Las tensiones internas de Junts per Catalunya vuelven a estar en el centro de todas las miradas de la política catalana. La formación, presidida por Laura Borràs pero dirigida en la práctica por Carles Puigdemont —tal y como pudo verse en las negociaciones para la investidura— ahonda en sus grietas. El último movimiento sísmico tiene nombre y apellido: Aurora Madaula.

Tal y como ha recogido E-Notícies a lo largo de los últimos días, Madaula es la causante de la batalla que enfrenta de nuevo a las almas que componen Junts. Su discurso de hace unos días en el Parlament, tachando de “violencia machista” algunas actitudes que, de forma indirecta pero clara, atribuyó a compañeros de partido, causaron sonados estragos. 

El origen de la polémica es el apoyo unilateral de Madaula a una declaración parlamentaria contra las políticas del gobierno de Andorra con respecto al aborto. La desautorización a Madaula —vicepresidenta del partido y secretaria segunda de la mesa del Parlament— suscitó su discurso que, a su vez, ha desatado una guerra abierta en el partido.

Junts contra Junts: una guerra que no es nueva

La división interna en el seno de Junts per Catalunya no tan solo no es nueva, sino que es prácticamente inherente a la formación. Desde el primer día, el partido dirigido ‘de facto’ por Carles Puigdemont se ha definido por ser un mejunje ideológico con el independentismo como principal punto de encuentro —y a menudo, el único. Esta heterogeneidad en materia política fue vendida siempre como una virtud por parte de Junts, pero el paso del tiempo no perdona.

El partido que enarbolaba con más ímpetu la bandera de la independencia y prometía hacerla realidad en un santiamén ha visto en los últimos tiempos como sus filas chocaban de frente con la realidad. La frustración es la tónica del ‘procesismo’, que vive tiempos de decadencia. La imposibilidad práctica por parte de Junts de caminar hacia la secesión —ni gobierna ni podría dar pasos hacia ella en caso de hacerlo— ha desalentado a sus masas.

Con la independencia alejada del tablero político diario, Junts se ve obligado a enfrentarse de forma cotidiana a cuestiones pragmáticas. Y es ahí, lejos del ‘procesismo’, donde afloran las profundas distancias existentes entre las distintas familias del partido. Socialdemócratas, liberales, conservadores, democristianos… 

Cuestiones relativas a la seguridad o a la inmigración, medidas fiscales o el conflicto entre Palestina e Israel son terreno de desencuentro en el seno del partido de Carles Puigdemont. Pero más allá de las discrepancias ideológicas, son dos las grandes familias que desde el primer momento se han enfrentado por el control efectivo del partido. Es la guerra del sector Borràs contra el sector Turull.

Montaje fotográfico con Laura Borràs de fondo con la bandera de Cataluña y al lado Aurora Madaula y Francesc de Dalmases

La familia Borràs, muy tocada tras el pacto con Sánchez

Pese a mantener ‘de iure’ la presidencia del partido, Laura Borràs se encuentra, desde su inhabilitación, en un tercer plano de la política catalana. También de su propio partido, que no la tuvo en cuenta en las negociaciones para la investidura de Pedro Sánchez. Con la caída de la gran líder, su sector ha perdido poder de influencia dentro de Junts.

La ‘familia’ de Borràs es de un perfil netamente independentista y más cercano al activismo que a la política, afín a la unilateralidad y detractora del diálogo con el Gobierno o los partidos nacionales. De corte ideológico heterogéneo, si bien con cierta tendencia a la izquierda, el sector conecta bien con la masa independentista más movilizada. Es una ruidosa minoría: pocos miles de personas, pero entregados a la causa.

Aurora Madaula, el gran nombre de la semana en la guerra interna del partido, es del sector afín a Laura Borràs. Le acompañan otros nombres destacados del partido, como los diputados Jaume Alonso-Cuevillas o Francesc de Dalmases. Todos ellos formaban el círculo de confianza del ‘president’ Quim Torra, del mismo perfil independentista —aunque cabe recordar que Torra nunca ha militado en Junts.

Pese a contar con un gran peso específico, este sector del partido ha venido a menos en los últimos tiempos. La decadencia independentista ha apartado a la ‘familia Borràs’ del centro del tablero. Carles Puigdemont, pese a su defensa de un independentismo combativo, mantiene su distancia con el mencionado sector.

Puigdemont que mantiene desde hace unos años una distante relación personal con Laura Borràs, es quien dio el jaque mate a este sector. Su acuerdo para investir a Pedro Sánchez contradijo absolutamente la posición contraria a cualquier pacto que siempre había mantenido el ‘laurismo’. Fue la puntilla a un círculo de Junts que se encuentra muy tocado, pese a mantener cargos de mucho poder en el partido.

Montaje con los miembros del sector más pragmático de Junts, Eduard Pujol, Jordi Turull y Anna Erra

El sector pragmático, reforzado, pero sin un control total del partido

Al otro lado de la batalla se encuentra el sector pragmático, con Jordi Turull —secretario general de Junts— como rostro más visible. Procedente mayoritariamente de la antigua Convergencia (CDC), el ‘turullismo’ cuenta en sus filas con la práctica totalidad de la estructura territorial del partido. Turull, con una amplia experiencia de partido, ha sabido aglutinarla a su alrededor.

Son muchos los nombres que se alinean con Turull y que apuestan por el pragmatismo político. Independencia sí, pero política también, y marcada por el perfil liberal-moderado que había caracterizado a CDC. Josep Rull, Xavier Trias o David Saldoni son algunos de los nombres que forman parte de este sector del partido.

También lo es la actual presidenta del Parlament, Anna Erra, que esta misma semana retiraba su confianza en Aurora Madaula. Y muy particular es el caso de Eduard Pujol, actual diputado del partido en Madrid. En su época en el Parlament, a Pujol se le relacionaba con el sector Borràs, pero todo cambió con las denuncias por acoso sexual que recibió.

Pujol, acusado por dos mujeres, se vio obligado a dimitir. Pese a mantener su inocencia —el juez concluyó que fue acusado falsamente—, nombres como Aurora Madaula le criticaron duramente y, lejos de mantenerse equidistantes, se lanzaron a las críticas a Pujol. Ahora, el diputado de Junts parece haberse distanciado de su antiguo círculo y observa su caída desde la distancia.

Montaje con Carles Puigdemont subido a un atril, flanqueado por Toni Comín y Míriam Nogueras

Puigdemont, el gran líder que ejerce de magma

Como el árbitro de un partido de tenis, Carles Puigdemont lo observa todo desde las alturas, con distancia y en silencio. Pese a mantener su acérrima defensa independentista, el eurodiputado de Junts mantiene una fluida relación con Turull y su entorno. Ahora bien, evita posicionarse precisamente para evitar que la guerra abierta del partido se agrave y cause incluso escisiones.

Puigdemont, con su escudero Toni Comín, es el magma que mantiene unidas a las dos grandes familias de Junts. A su lado, y en una posición de silencio y distancia, se ha situado también Miriam Nogueras, la portavoz del partido en Madrid. Antes próxima a Borràs, Nogueras no se ha manifestado en el último episodio de la batalla interna de su partido. Un silencio llamativo, del que se infieren las tensiones y la debilidad creciente del sector Borràs.

En definitiva, pues, Junts profundiza en la división interna de las dos familias que conforman el partido. Se avecinan tiempos convulsos: el papel del partido en Madrid y un posible adelanto electoral en Cataluña pueden suponer estragos a la débil cohesión de la formación. A la guerra interna de Junts parecen quedarle varias batallas que librar.