Laia Estrada hablando ante la prensa en el Parlament de Catalunya

POLÍTICA

La CUP sigue buscando su sitio

El partido se reorganiza tras los últimos fracasos electorales

La amnistía, que se parece mucho a la vuelta al autonomismo de Junts, cambia las placas tectónicas de la política catalana. Unos, como los de Puigdemont, vuelven a la realidad sin que sea demasiado evidente, y otros, como la ANC, afilan listas al Parlamento. Y después está la CUP, que en todo este vaivén no acaba de encontrar su lugar.

La CUP: a la estela de los acontecimientos

La guerra entre ERC y Junts ha eclipsado a la CUP. En las últimas municipales perdió 21 concejales, y en las generales, sus dos únicos escaños. Esto, cuando de partidos se trata, acaba en una refundación, es decir, en una manera de volver a ganar votos.

Por ello, preparan un Congreso Nacional para el próximo 16 de diciembre. Y más allá del folklore ideológico, el partido tiene un problema: va a rebufo de Puigdemont y ERC. Lo máximo que ahora mismo pueden añadir a la amnistía y a las mesas de diálogo son detalles.

En este sentido, por ejemplo, el diputado Xavier Pellicer propone crear un ‘observatorio’ para vigilar la amnistía desde el Parlamento. Por otro lado, se autoexcluyen de la mesa de diálogo porque ‘no se dan las condiciones para que el PSOE facilite un referéndum’. Dato que el expresidente Mas asume y explica en público.

La estrategia: estar a la contra

‘Hoy la CUP necesita poner al día su estrategia y sus prácticas’ porque, entre otras cosas, les falta ‘músculo militante’, explican. A falta de ver en funcionamiento su estrategia, lo más plausible es que jueguen a reivindicar la unilateralidad. Esto es, sumarse como tantos otros a las críticas a Junts y ERC por pactar con Madrid.

La CUP, en fin, está en el mismo baile que los demás partidos: preparar las próximas elecciones autonómicas en Cataluña. Ya sean en 2025 o adelantadas al 2024, los partidos catalanes vuelven a lo que les es propio: captar el voto. Para ello, y habida cuenta del cambio de tablero que ha hecho Sánchez, tendrán que recolocarse dentro del discurso nacionalista: oscilará entre pragmáticos y puristas.