Inmigrantes sentados en el suelo tras su llegada en cayuco a Tenerife

OPINIÓN

‘Volem acollir’ aunque sea insostenible

Cataluña va camino de los 9 millones de habitantes mientras todavía no ha podido asimilar que ya somos 8 millones

El Govern de la Generalitat ya habla de la Cataluña de los 9 millones. Sí, de los 9. Hace un mes se alcanzó la cifra de los 8 millones, pero las previsiones que hay encima de la mesa es que, en menos de 10 años, lleguemos a los 9.

Evidentemente, este aumento surgirá de la llegada de más inmigración y no a una natalidad que, ni hay previsiones de que aumente, ni hay intención política de fomentarla.

Si Cataluña ni siquiera está preparada para poder asumir los 8 millones actuales, pensar en los 9 debería provocar sudores fríos a cualquiera con dos dedos de frente. La sanidad está colapsada, el nivel educativo está por los suelos, coger la AP7 es prácticamente jugarse la vida, ir en transporte público es un drama… pero no digas que se necesita más planificación migratoria, que serás tachado de extrema derecha, xenófobo, racista, reaccionario y unos cuantos adjetivos más a los que la izquierda woke le da igual banalizar un poco más.


 

Mientras, Pere Aragonès insiste en la “obligación moral” de acoger más refugiados. Querían convertir Cataluña en un país independiente y, como mucho, lo único que lograrán es convertirla en una especie de ONG incapaz de que sus ciudadanos tengan unos mínimos para vivir dignamente.

Querer acoger más gente mientras las condiciones de vida son las que son actualmente, es una irresponsabilidad por parte de quien promueve estas políticas.  

Cuando algunos pedimos un mínimo planificación migratoria, no lo hacemos por motivos racistas, xenófobos o de extrema derecha. Lo hacemos por sentido común. Porque el aumento de población debe ser sostenible y la tierra de acogida debe tener herramientas para poder asimilar este aumento. Y, ahora, ni es sostenible ni hay herramientas para ello. 

Otra cuestión es que sea un poco estéril tener este debate solo en Cataluña, ya que Cataluña no tiene competencias sobre inmigración. Aunque Junts sí que ha llegado a poner esta cuestión sobre la mesa, en líneas generales los partidos procesistas se centran en cuestiones como hablar catalán en el Congreso, comisiones de investigación que servirán de poco o nada o una amnistía para que algunos puedan volver a presentarse a las elecciones o regresar a España. Vamos, problemas importantísimos para el día a día de los catalanes.