Montaje con Carles Puigdemont visiblemente enfadado y Pere Aragonès sonriendo con el Parlamento de Catalunya de fondo
OPINIÓN

Sentido común, por favor

El debate del informe PISA y la sobrerepresentacón de alumnos extranjeros o la sequía ha puesto al Govern en jaque

El tiempo suele poner las cosas en su lugar. Por eso ahora, cuando ya han pasado seis años largos del aciago otoño de 2017, podemos ver con más nitidez, si cabe, el gran disparate que fue el procés. 

Algunos pensaban que, tras el fiasco, los líderes independentistas habrían aprendido la lección y, sin renunciar a su ideología, estarían reconduciendo sus planteamientos a posiciones más pragmáticas. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Constatamos, no sin cierta tristeza y mucha indignación, que esa gente son de la opinión de “sostenella y no enmendalla” y su soberbia y supremacismo no tienen límites.

Veamos algunos ejemplos que ilustran esta afirmación:

Hace poco más de una semana se publicó el último informe PISA; en el mismo se retrata el fracaso escolar en Cataluña. En un primer momento, el Govern señaló como motivo la sobrerrepresentación de alumnos extranjeros en la prueba. Pero el aluvión de críticas recibido, tanto de los partidos de la oposición como de la comunidad educativa forzó a que el Ejecutivo rectificase, aunque sin asumir ninguna responsabilidad ni plantear, hasta el momento, medidas de choque.

Esa falta de autocrítica ha molestado a las familias, hasta el punto que la AFFAC, la federación de asociaciones de familias de alumnos más grande de Cataluña, emitió un comunicado en el que “lamentan la falta de autocrítica y de propuestas concretas de la consejera d’Educación, Anna Simó”. Y consideran “intolerable” la utilización de los alumnos inmigrantes para justificar los malos resultados del sistema educativo catalán. Igualmente, consideran “indignante” la carta que Anna Simó ha enviado a las familias pidiendo que se hagan corresponsables del éxito educativo en Cataluña.

Imagen de una aula de colegio con mesas y sillas

Pero, por desgracia, ahí no acaba la estulticia de este Govern: La consejera de Economía y Hacienda de la Generalitat, Natàlia Mas, no asistió al Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF) que se celebró el lunes 11 de diciembre en Madrid. La mencionada señora consideró innecesaria su participación en la reunión convocada por el Ministerio de Hacienda, toda vez que “no es un órgano de debate”. 

Otro de los motivos para justificar la ausencia es que la Generalitat y el Gobierno “ya tienen abierta una negociación para una financiación singular de Cataluña” que, según las mismas fuentes, empezará en el primer trimestre de 2024. Algo que posteriormente desmintió categóricamente la ministra de Hacienda, María Jesús Montero. Pero es que la consejera de la Generalitat y su gabinete deberían saber los catalanes merecemos estar siempre representados allí donde se hable de cosas que nos atañen. 

Sin solución de continuidad, el consejero de Acción Climática, David Mascot, sorprendía a todo el mundo al anunciar algunas de las restricciones que sufrirá Cataluña, a partir de enero, de persistir la sequía. La prohibición más llamativa era la de no permitir a la gente ducharse en instalaciones deportivas. (?) Horas después, el propio Govern daba marcha atrás y matizaba algunos aspectos de esta restricción. Sobran los comentarios. 

Imagen del pantano de Riudecanyes afectado por la sequía

Pero hay mucho más: El mismo día que en el Congreso empezaba la tramitación de la ley de amnistía, el president Pere Aragonés publicaba, en el diario británico Financial Times, un artículo en el que pedía a Pedro Sánchez valentía para pactar un referéndum de autodeterminación, a la vez que dejaba claro que se aseguraría de que el PSOE cumple todos sus compromisos. 

Tan inoportuno fue el artículo que la portavoz de EH Bildu en el Congreso, Mertxe Aizpurua, poco sospechosa de españolismo, advirtió a Aragonès, de que la convocatoria de una eventual consulta de autodeterminación es un asunto “serio” que debe ir precedida de un debate “sereno”, ya que, en su opinión, “las prisas son malas consejeras en esta cuestión”.

Y seguimos: La portavoz de Junts en el Congreso, Míriam Nogueras, con la elegancia y fina oratoria que la caracteriza, no se anduvo con rodeos y en su intervención en el pleno del Congreso y calificó al expresidente del Supremo Carlos Lesmes, al presidente de la Sala Penal del Supremo, Manuel Marchena, a Pablo Llarena, a la magistrada Carmen Lamela, y a la expresidenta de la Sala Penal de la Audiencia Nacional y actualmente magistrada del Constitucional Concepción Espejel, todos ellos jueces que tuvieron que ver con la instrucción y sentencia de la causa a los líderes del procés, como “personas indecentes que deberían ser cesadas y juzgadas”; en mi opinión, sobran los calificativos hacia la diputada. 

Pero quien volvió a tener una intervención que quedará en los anales del parlamentarismo fue Carles Puigdemont. En una interpelación en la Eurocámara, donde coincidió con Pedro Sánchez por primera vez. El expresident, en vez de tender la mano y ofrecerse a colaborar para superar la situación que estamos viviendo en Cataluña, advirtió al presidente de las consecuencias de incumplir sus promesas, “Presidente Sánchez, las oportunidades hay que aprovecharlas. Si se dejan pasar por miedo o por incapacidad, las consecuencias nunca son agradables”, sin ningún género de dudas, con actitudes como las aquí descritas, se tejen complicidades y se alcanzan acuerdos que sirven para mejorar la vida de los ciudadanos. 

Carles Puigdemont en un mítin con el dedo levantado en tono amenazador

Estoy convencido de que todo sería mucho más llevadero si estos señores le pusieran un poco de sentido común a su actitud. Sin embargo, la impresión que saco de todo esto es que la mayoría de líderes independentistas —salvo algunas excepciones que seguro las hay— es que, como políticos, son unos ineptos que supuran incompetencia y supremacismo por todos los poros de su piel. Algo que los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña no merecemos. 

Soy consciente de que esta columna levantará ampollas en determinados ambientes políticos. Lo siento. No pido que se comparta mi opinión, pero sí que se respete, porque estoy opinando de posicionamientos políticos evidentes, no de las personas, ahí no entro.

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