Jessica Albiach, Pere Aragonès y Laia Estrada dando la espalda a una urna electoral
OPINIÓN

No han entendido nada

Pese al batacazo electoral, la izquierda buenista sigue enrocada en unos postulados ahora ya caducos

Ya hace un mes de las elecciones al Parlament de Catalunya y parece que los nefastos resultados para los partidos bonistas, especialmente los procesistas, no han sido suficientemente contundentes para que se den cuenta de que su deriva de los últimos años no les llevará a ninguna parte.

De hecho, deberían agradecer que hasta la última legislatura su presencia en el Parlamento fuera tan elevada, probablemente arrastrada del proceso y de una idea del país tan ingenua como irreal. Sin embargo, ahora se dan cuenta de que sus discursos grandilocuentes y que obvian la realidad de que vivimos muchos catalanes, no les darán de comer muchos años más.

No en vano, el cansancio de la población debido a promesas incumplidas pesa mucho, pero hay algo que todavía hace mucho más agujero que eso, y más que lo hará en los próximos años. Que las instituciones, o las personas que las representan, vivan (o al menos hagan ver que viven) totalmente alejadas de la realidad que viven sus ciudadanos a diario les hundirá, porque lo único que demuestra es que su bienestar les permite no tener que vivir ciertas realidades a las que los ciudadanos de calle debemos enfrentarnos a diario. Hablo de la inseguridad, de la inoperancia de la justicia, de la imposición de dogmas totalitarios, de los que si te desvías eres considerado de extrema derecha, del aumento de precariedad, de la falta de ayudas, y un largo etcétera.

Fotomontaje con un fondo del recuento de unas elecciones y al frente Carles Puigdemont y Pere Aragonès

Se esperaba que el batacazo electoral de partidos como Esquerra Republicana, la CUP o los Comunes les hiciera ver que su ideología se está hundiendo, que la sociedad ya no cree en las ideas dogmáticas que muchos de nosotros hemos comprado en el pasado, empujados por un ideario conjunto que nos venían de un nuevo país. Un nuevo país sí, pero no de cualquier modo ni en cualquier precio.

Ni yo, ni la gran mayoría de la sociedad catalana, quiere seguir obviando las realidades que suceden en nuestras villas. Sin embargo, cuando alguien alza la voz contra alguna de las cosas que ocurren, en lugar de escucharle, se le señala. Y quiero remarcar que todavía se habla de demasiado pocas cosas teniendo en cuenta las que ocurren: agresiones sexuales, grupos de jóvenes (especialmente chicas) que vuelven de fiesta siempre en VTC por no ser asaltadas, apuñalamientos casi a diario por robos, agresiones a profesionales públicos del ámbito de la salud y los servicios sociales, liberación inmediata de delincuentes…

Podría hablar de casos concretos que por dignidad deberían salir a la luz, pero por respeto a las víctimas y por no ensuciarme no lo haré, por más que todos podáis imaginarlos, porque a horas de ahora diría que todos ya hemos sido víctimas o conocemos a gente que lo ha sido.

En conclusión, ver cómo la izquierda buenista sigue enquistada en un discurso que les está hundiendo y alejando cada vez más de la sociedad, y que lo está haciendo desde todos los estratos, ya sean ricos o pobres e independentistas o unionistas, les debería hacer pensar y cuestionarse si es necesario un cambio de rumbo. Desgraciadamente por ellos, lejos de eso, siguen ensimismados en unos discursos caducos, demagógicos y que nos están estropeando una sociedad de convivencia que hasta ahora se aguantaba por los pelos. Está claro que, efectivamente, todavía no han entendido nada.

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