Un hombre con cabello largo y canoso, vestido con una chaqueta de mezclilla desgastada, posando frente a un fondo rojo con líneas negras.
OPINIÓN

Nacho Cano, domador de socialistas

En España, tener una opinión contraria al mainstream progre es profesión de riesgo para cualquier artista.

Nacho Cano es uno de los artistas más reconocidos y respetados del panorama musical español. Su talento como compositor, músico y productor lo ha llevado a la cima del éxito. Primero como parte esencial de Mecano, y después, con su exitosa carrera en solitario.

Pero más allá de su indiscutible talento, Nacho Cano se ha destacado también por su claro posicionamiento a favor de Isabel Díaz Ayuso. Tal es la cercanía con la presidenta madrileña, que ella lo galardonó con la medalla de la CAM. Y él, caballeroso, se saltó el protocolo y le devolvió el galardón, con reverencia incluida.

Su defensa abierta de las políticas de Díaz Ayuso ha sido evidente a raíz de la pandemia. Esto lo ha convertido en un referente para muchos y en una diana de ataques para muchos otros. No tanto porque defienda a Ayuso, sino porque ha demostrado ser un hombre libre de verdad.

Cano ha sido siempre lo contrario a lo que la izquierda tiene como modelo ideal de artista. Es un artista que va a la suya y que se ha hecho a sí mismo con esfuerzo y dedicación. Punto.

Un burdo montaje mediático-político

Sin embargo, en los últimos días Nacho Cano se ha visto envuelto en una polémica artificial por la supuesta contratación irregular de mexicanos para Malinche, su último musical. Llegó a ser detenido durante unos minutos por la Policía Nacional. Curiosamente, el comisario encargado del caso, Alberto Carba, es un alto mando policial muy cercano al PSOE.

Al minuto salieron en tromba la Sexta, Lo País, la SER y todos esos de “ningún ser humano es ilegal” hasta que lo dicen ellos. Es comprensible, viniendo de una izquierda cuyos referentes artísticos son Pepe Viyuela y Eduardo Casanova.

Se abre el telón

Pero el ex de Mecano decidió pasar a la acción y neutralizar rápidamente el show montado por Sánchez, su Guardia Roja y la opinión sincronizada. La puesta en escena era imponente y el espectáculo tuvo dos actos muy bien definidos. El origen de todo: una ex colaboradora despechada.

Primero, el productor y director de Malinche  se exculpa de todo y señala a los responsables del montaje policial. Denuncia que es víctima de una cacería para tapar los líos judiciales de la esposa y el hermano de Pedro Sánchez. Y señala la causa de todo esto: su cercanía y apoyo público a Ayuso.

Después llega el turno de sus colaboradores, trabajadores y becarios. Algunos de ellos llegaron a denunciar públicamente que agentes de Alberto Carba intentaron dirigir interrogatorios para que denunciasen a Cano por acoso. Algo muy acorde a la república bananera hacia la que avanza inexorablemente España.

Claramente, el PSOE se equivocó en su elección, y fue sometido por la estrella del circo: el domador. Y se hizo el silencio en los medios concertados a la espera del argumentario de una Moncloa noqueada. El valiente sindicato policial ASP interpuso denuncia contra esos hechos "y a las manzanas podridas que ejecutaron el montaje".

Lo peor de todo esto es que no cualquier español tiene el poder de Cano para responder a un ataque así contra su honor. No es el primero en sufrir una cacería de este tipo, y mucho me temo, tampoco será el último. Un hombre que cada mes paga más de medio millón de euros en nóminas.

Y sin necesidad de cobrar subvenciones públicas.

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