Diseño con dos flechas representado la señal de cambio y un fondo de color rojo

OPINIÓN

¿El miedo está cambiando de bando?

De lo que se trata es que no haya miedo a expresar unas ideas en democracia

Editorial Arnau Borràs

Yo crecí en Reus. Durante muchos años, era habitual que allí algunos partidos no pudieran hacer campaña libremente en la ciudad. Bueno, algunos no. Básicamente el Partido Popular. Una situación que tuvo como origen las municipales de 2003, cuando en un acto de campaña, Alberto Fernández Díaz (entonces líder del PP catalán) fue agredido por manifestantes contrarios a la guerra de Irak.

Desde aquellos hechos, no fueron pocas las elecciones en las que el PP o bien no celebraba ningún acto o bien lo hacían a escondidas, en hoteles situados a las afueras, sin anunciar la localización ni a la prensa e invitando solamente a militantes y simpatizantes. 

Reus es una ciudad de más de 100.000 habitantes, históricamente socialista y con tripartitos de izquierdas gobernando durante muchos años. También una ciudad independentista. Y no solo por la presencia habitual de ERC en el gobierno municipal. Desde la irrupción de la CUP, los anticapitalistas han cosechado más o menos buenos resultados, y aunque ahora estén en caída libre, en 2015 llegaron a ser la segunda fuerza más votada.

Pero algo está cambiando. En el mundo occidental, en Europa, en España, en Cataluña y también en Reus. Esta semana, Vox celebraba un acto de campaña con Santiago Abascal e Ignacio Garriga en la céntrica plaza de la Libertad de la ciudad. Y, evidentemente, no faltó la concentración de izquierdistas que se acercaron a intentar reventar el acto.

Sin embargo, tras lo visto en el acto de Vox, la principal diferencia no es que ciertos partidos, a diferencia de un pasado reciente, ya no tengan miedo a celebrar actos en las calles más concurridas de la ciudad, no. La principal diferencia fue que, en esta ocasión, la multitud estaba en el lado del partido de Abascal. Y la minoría se encontraba protestando.

Los seguidores de Vox no se acobardaron. Siguieron a Abascal cuando este se encaró con los manifestantes y desacomplejadamente gritaron eso de que ‘hay que votar a Vox’. En esta ocasión, no fueron los llamados antifascistas los que rodearon a los asistentes al mitin, fue al revés. Se trata de una de las pruebas más evidentes de que algo está cambiando.

Y no es cuestión de que sea el miedo el cambie de bando. De lo que se trata es que no haya miedo a expresar unas ideas en democracia. Y tras años y años de relato (prácticamente) único y de la imposición de ciertos personajes que se creen con el derecho de decidir quién puede hacer un mitin político y quién no, algunos cada vez tienen menos miedo a expresar su opinión libremente.

Y este cambio no solamente lo hemos visto con Vox o con el PP. También pasa con Aliança Catalana. En varios mítines del partido de Sílvia Orriols ha habido intentos de censura, cancelación y agresiones por parte de aquellos que se hacen llamar antifascistas. Pero, a diferencia de lo que podía pasar hace unos años en Reus (y muchas otras localidades catalanas como Manresa o también Barcelona), ahora ya no los callan. Ni siquiera son ya una minoría respecto a los que quieren censurar a sus adversarios políticos. Sí, es evidente que algo está cambiando.

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