Foto de grupo con una treitena de premiados en los Premis Gaudí luciendo su trofeo en el escenario donde se celebró la gala
OPINIÓN

Los Premis Gaudí, un aquelarre woke en Cataluña

Si toda España tenía su dosis de falso activismo el sábado con el BenidormFest, Cataluña no podía ser menos


Editorial Arnau Borràs

Este fin de semana se ha celebrado el BenidormFest, que oficialmente ya se ha convertido en un evento esperpéntico que quiere ir de rompedor y que no provoca más que vergüenza -iba a decir ajena, pero no lo es, porque se sufraga en gran parte con los impuestos que pagamos todos-.

En pleno 2024, nos quieren convencer de que una cantante diciendo que es una zorra y unos bailarines sexualizados son algo transgresor y empoderante. Transgresor, como si las Vulpes no lo hubieran hecho ya en 1983. Y empoderante, como si la prostitución no fuera la “profesión” más humillante para una mujer.

Pero si toda España tenía su aquelarre woke el sábado, Cataluña no podía ser menos. Y el domingo, tocaba otra ración de pseudoizquierdismo forzado con los Premis Gaudí del cine catalán, ese fenómeno de masas que llena las salas de cine semana tras semana. 

Suerte tiene esta industria ultrasubvencionada de que otro sector que se sostiene gracias al dinero público inyectado por la Generalitat, es decir la prensa, le da una difusión que absolutamente nadie demanda ni necesita. Sin embargo, ni así los Premis Gaudí serán hoy un tema de conversación en la calle o en los puestos de trabajo.

Los mismos medios subvencionados son los que hoy te dirán que la gala lideró las audiencias en Cataluña, pero quizás no cuentan tan alegremente que fue por incomparecencia de las cadenas rivales, que más de la mitad de espectadores que estaban viendo el TN Vespre huyeron de TV3 al empezar los premios o que la gala de este año tuvo 41 000 espectadores menos que el año pasado.


Porque si a la gente ya le importa entre poco y nada el cine catalán, aún le importan menos las proclamas woke que se vertieron en la gala. No faltaron las reivindicaciones para recibir más subvenciones. Tampoco  las proclamas a favor de Palestina. Y, claro está, no nos podíamos olvidar de premiar a la película 20 000 especies de abejas, una oda a la promoción de la transexualidad en niños y niñas.


Para rematarlo, tuvimos el discurso de una actriz “racializada” pidiendo más papeles para los “no blancos”. Casi un 8% le parece poca representatividad. Sin duda, es el drama que vive hoy Cataluña. Las familias catalanas, entre restricciones por la sequía, pago de impuestos, malabares para llenar la cesta de la compra y rezar para no ser víctima de un acto delictivo en la calle, no piensan en otra cosa que en la injusticia que representa que solamente haya un 8% de personas “no blancas” en el cine catalán. 


 

En resumen, los Premis Gaudí tuvieron todos los ingredientes necesarios para el típico menú progre catalán. Y todo, bien regado con dinero público, claro está.

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