Andreu Nin, fumando
OPINIÓN

Catalanes 'made in Moscú'

En el artículo de hoy les sugiero un viaje de tres personajes y la relación entre ellos. Los tres nacieron en Cataluña y tuvieron relación, de uno u otro modo, con Rusia


Las revoluciones que tuvieron lugar en Rusia y su Guerra Civil posterior, ganada por los Bolcheviques, desembocaron en el primer gran experimento de las teorías marxistas. Al tiempo que Italia veía como los camisas negras llegaban al poder, en Rusia se establecía la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Las asociaciones proletarias y campesinas de todo el mundo miraron a la URSS, por fin un Estado era dirigido, organizado y coordinado por la clase trabajadora. La burguesía y el sistema liberal capitalista parecía tener los días contados. La contrapartida y único rival al comunismo prometían ser las nuevas teorías de cooperación entre clases sociales propuestas por un tal Benito Mussolini, antiguo socialista italiano.

El mundo cambiaba de forma acelerada. La Primera Guerra Mundial había demostrado que tampoco las guerras iban a ser como en el pasado. Millones de muertos y sufrimiento de la población civil que, ahora sí, se veía amenazada por los conflictos. Los nacionalismos continuaban creciendo al amparo de la evolución de las teorías románticas y estos se mostraban en todas sus vertientes: irredentistas o periféricos; imperialistas o regionalistas.

En el artículo de hoy les sugiero un viaje de tres personajes y la relación entre ellos. Los tres nacieron en Cataluña y tuvieron relación, de uno u otro modo, con Rusia.

Andreu Nin Pérez

La Tercera Internacional era la más moderna de las organizaciones de partidos políticos que representaban a la Clase Obrera. Los anarquistas, que habían renegado de la segunda y del marxismo y que aún seguían las doctrinas de otro ruso, Mijaíl Bakunin, quien, casi cincuenta años después de su muerte aún tenía millones de adeptos en todo el mundo; se encontraban en plena lucha contra los sindicatos libres en Barcelona.

El anarquismo en España tenía la hegemonía de la fuerza sindical. El Partido Socialista Obrero Español y su sindicato, la UGT, era mucho más minoritario, pero entraba dentro del juego político de la Restauración. 

Imagen d'Andreu Nin mirando a cámara

La decisión de ingresar o no en la Tercera Internacional implicó el desplazamiento a Moscú de teóricos socialistas y anarquistas en pro de recopilar información y ver como evolucionaban las teorías comunistas en los antiguos dominios del zar. Por parte del PSOE, viajaron Fernando de los Ríos y Daniel Anguiano y, a la vuelta, el Partido decidió rechazar las condiciones de ingreso en la organización.

Sin embargo, Anguiano, otros líderes y la mayoría de las juventudes se escindieron creando el PCE, Partido Comunista Español, y un año más tarde, tras un convulso III Congreso, tuvo lugar otra fuga de afiliados que crearon el PCOE, Partido Comunista Obrero Español. Los dos nuevos partidos comunistas formalizaron su ingreso en la Tercera Internacional que dio su primera orden a los españoles, fusionarse en una única agrupación, creado, de ese modo el Partido Comunista de España.

Los anarquistas, en abril de 1921, enviaron al III Congreso de la Tercera Internacional a un joven del Vendrell que aún no había cumplido los 29 años. Hijo de un zapatero y de origen muy humilde, había conseguido acceder a la educación tras gran esfuerzo de su padre. Logro al que no llegaban un gran porcentaje de jóvenes españoles.

Andreu Nin se dirigió a Moscú en una delegación en la que también viajaba Joaquín Maurín. El Congreso era de vital importancia, ya que allí se iba a crear la Internacional Sindical Roja. Andreu debía ser brillante pues, el primer secretario de la ISR le propuso participar en la dirección de la nueva organización. De ese modo, el hijo del zapatero permaneció nueve años en la Unión Soviética alejándose de la CNT que abandonó más pronto que tarde la Tercera Internacional. 

En septiembre de 1923, el golpe de Estado del capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, llevó implícita una dura represión contra comunistas, anarquistas y separatistas. Por otra parte, el régimen convivió con el nacionalismo catalán burgués y vasco y con el Partido Socialista Obrero Español.

Macià

Francesc Macià, en su exilio de París, rodeado de jóvenes entusiastas e impacientes por entrar en acción, decidió pedir ayuda a la Unión Soviética para armar a su Ejército Catalán. Sus relaciones con los anarquistas y comunistas eran de alianza táctica. De hecho, no faltaron cenetistas en su fallido intento de invasión de 1926. Pero, en 1925 necesitaba urgentemente capital y medios. 

El veterano militar y político estaba rodeado de muchachos y su secretario personal era uno de ellos, Josep Carner i Ribalta. Ambos organizaron el viaje a la capital rusa. 

En 1925, tras la muerte de Lenin, sus lugartenientes se postulaban en una suerte de sucesión visigótica en la que Joseph Stalin había salido victorioso. El nuevo líder soviético no tenía intención alguna de permitir árboles a su alrededor que pudieran hacerle un mínimo de sombra y sus desavenencias con León Trotski ya estaban sobre la mesa. 

Retraro de Leon Trotski

Andreu Nin era uno de los seguidores trotskistas y los separatistas catalanes pensaron en él como enlace para poder hablar con el antiguo miembro del Politburó, consiguiendo concertar un encuentro que, a la postre, no pudo llevarse a cabo.  El líder de Estat Català pudo reunirse con dos líderes de segunda fila, pero, nada sólido se consiguió. Las cosas pintaban en bastos en la fría Plaza Roja y el viaje supuso un fracaso. 

En Salamanca o en Berlín

Trotsky abandonó la URSS en 1929 y, unos años después, lo hizo Andreu Nin. El catalán era un trotskista convencido y renegaba de la Tercera Internacional. 

En la URSS aún no había comenzado la Gran Purga que llevaría a la muerte a centenares de miles de opositores, incluidos militares, miembros del Partido Comunista de la Unión Soviética e, incluso, agentes de la policía secreta, el NKDV.

El trotskismo en España no tenía muchos seguidores. Nin, con la llegada de la Segunda República , intentó formar una alternativa al PCE, pero esta era tan minoritaria como la de los propios comunistas que habían regresado tras el fin de la dictadura, muy tocados. El partido de masas era el PSOE. 

Por fin, en 1935, Andreu Nin consiguió fusionar algunas organizaciones menores y creó, junto a Joaquín Maurín, el POUM. El acrónimo era más que significativo, la onomatopeya de una explosión conformaba las siglas del Partido Obrero de Unificación Marxista. 

En septiembre de 1935, la Tercera Internacional, ante el avance de los fascismos, promovió las alianzas con los socialdemócratas y los partidos de la pequeña burguesía en Europa Occidental. Los comunistas eran minoritarios en Francia o España, pero con estas alianzas, podrían echar una mano para que los fascismos no se abrieran paso en las democracias europeas.

El PCE cambió, por tanto, su política y el Frente Popular se hizo una realidad en forma de coalición electoral. Trotsky renegó de esa idea, pero Nin accedió a que el POUM formara parte de la alianza. 

Francesc Macià en Moscú. 1925

El brazo de la Tercera Internacional en Cataluña era el PSUC, en sus juventudes se encontraba un muchacho, hijo de una activista comunista, cuyo nombre real era Ramón Mercader del Río. Mercader estaba en la cárcel porque había sido detenido al repartir propaganda comunista dentro del Ejército. Tras la victoria del Frente Popular, fue amnistiado.

Nin y Mercader estaban en Cataluña al inicio de la Guerra Civil. Cuando la Generalitat se reorganizó, incluyendo a los partidos proletarios en el Gobierno, Nin asumió la Consejería de Justicia. 

La República no encontró aliados entre las potencias europeas y solo la URSS acudió al auxilio del Gobierno Español proporcionando armas y asesores. Con el paquete venían también agentes soviéticos del NKDV. El Partido Comunista consiguió verse enormemente reforzado y adquirió un protagonismo que, a priori, no le correspondía por tamaño, importancia y votantes.

Nin no ocultó sus desavenencias con los comunistas y eso motivó su cese como consejero antes de la finalización de 1936. Los anarquistas, que cooperaron de inicio, se opusieron frontalmente a la decisión del Gobierno de la República de unificar todas las milicias políticas en un Ejército organizado y disciplinado. El POUM se puso del lado de los anarquistas. Una guerra civil comenzó en Barcelona. 

Para 1937, la Gran Purga había comenzado y el NKDV no solo actuaba dentro de las fronteras soviéticas, también lo hacía en el extranjero, aprovechándose la red que les proporcionaban los partidos afiliados a la Tercera Internacional. 

Nin representaba el trotskismo en España, eso significaba ser enemigo de la Komintern. El coronel Orlov, dirigente del NKDV en España, una vez finalizaron las hostilidades entre comunistas y anarquistas, se encargó de la detención de los trotskistas. Rociaron la prensa con una campaña de calumnias, presentando a Nin como un agente secreto de Franco y Hitler. Fue sometido a torturas para que confesara su filiación fascista, lo que, al parecer, no hizo. Su cuerpo nunca fue recuperado. 

Trotski con su esposa y la pintora Frida Kahlo

Ramón Mercader

Ese mismo año, Mercader, como otros milicianos comunistas, ya era comandante y ejercía de comisario político. Había sido herido en el frente y fue evacuado a Barcelona. Tras los sucesos de mayo de 1937 se dirigió a Moscú y allí, ingresó en el NKDV, como haría también su madre. El barcelonés tenía 25 años.

Trotski se había refugiado en México donde no se escondía. Se fotografiaba con el pintor Diego Rivera y con su esposa, la también pintora, Frida Kahlo. Tuvo un intento de asesinato y había reforzado su protección.

Mercader, viajó a la capital azteca con un pasaporte canadiense. Poco a poco fue seduciendo a una de las secretarias del soviético, una norteamericana de ascendencia bielorrusa llamada Silvia Angeloff.

Como novio formal de la muchacha, hacía visitas a la casa hasta que consiguió conocer a Trotski que comenzó a confiar en él, por lo que la seguridad descuidó su vigilancia sobre el novio de Silvia.

A finales de agosto de 1940, aprovechando que Leon Trotski se encontraba trabajando en su despacho, se acercó por la espalda de este con un piolet de mango corto que había escondido bajo su abrigo y se lo clavó en la cabeza. Trotski logró defenderse a duras penas y, aunque herido de muerte, tuvo tiempo de contar quien le había atacado. Por lo que Mercader fue detenido y juzgado en México. 

Tras cumplir una condena de 20 años regresó a Moscú donde fue condecorado como héroe de la Unión Soviética. Allí vivió con grandes ventajas hasta que, en 1974, se mudó a la Cuba castrista para asesorar a Fidel Castro. 

Ramón Mercader detenido en México

Y esta es la historia de tres catalanes con relación con la URSS. Los tres siguieron a Leon Trotski: Uno políticamente, hasta el punto de acabar asesinado por agentes soviéticos. Otro lo hizo para pedir ayuda en su objetivo de atacar a la España de Primo de Rivera y un tercero que lo siguió para acabar con su vida y que  terminó  siendo héroe de la Unión Soviética. 

El próximo miércoles seguro que tendremos otra, u otras historias dignas de ser contadas. 

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