Bandera de Israel con un muro de fondos y unas llamas en primer plano
OPINIÓN

Si Israel llega a caer

Si Israel llegara a caer, el llamado “primer mundo” se vería abocado a pagar la costosísima factura de su estupidez

Imagen del Blog de Octavio Cortés

Hay unos 14 millones de judíos en el mundo y unos 1500 millones de musulmanes. En los últimos 200 años, los primeros nos han dado a Sigmund Freud, Franz Kafka, Albert Einstein, Stefan Zweig, Niels Bohr, Bob Dylan, Mark Rothko, Steven Spielberg o Leonard Cohen; los segundos nos han dado a los asesinos de Bataclán o Charlie Hebdo, al ayatollah Jomeini y a las diputadas de ERC que van dando charlas venenosas sobre “feminismo islámico”. 

Recordemos el caso de Mahsa Amini, detenida por la Policía Moral iraní por no usar el hiyab: después de dos horas de detención entró en coma por las palizas recibidas y murió en el hospital dos días después. Recordemos el caso de Salman Rushdie, recordemos a los homosexuales colgados de grúas en la plaza pública.

No hacen falta sesudos análisis geopolíticos: aquí se enfrenta la civilización contra la barbarie. Israel está luchando nuestra guerra, haciendo de dique de contención contra el islamismo radical. Si Israel llegara a caer, el llamado “primer mundo” se vería abocado a pagar la costosísima factura de su estupidez, el precio de haber abrazado el izquierdismo globalista (enfermo de relatividad moral) y la apertura de fronteras. 

La gente apaga un incendio en el lugar de los ataques aéreos israelíes mientras continúan los combates entre las tropas israelíes y los militantes islamistas de Hamas.

Que el ataque de Irán el domingo pasado sorprendiera a Pedro Sánchez en mitad de su gira europea en favor del “Estado Palestino” y a sus ministras clamando contra el “genocidio”, ya no nos sorprende. Que veamos a la mugre podemita dar vivas a Hamás y enarbolar pancartas de “Queer for Palestine” ya ni siquiera nos hace reír. Que se haya multado con 10.000 euros a una alcaldesa por opinar que el Islam es (como todo el mundo sabe) contrario a los valores occidentales, ya ni siquiera nos indigna.

Estamos ya en la siguiente pantalla: la lucha diaria por la decencia, por el futuro de nuestras comunidades y de nuestros hijos, pasa de manera urgente por revertir el proceso de islamización de nuestra sociedad. Si tan demoníaca y pecadora es nuestra forma de vida, que nos la dejen a nosotros y se vuelvan a sus países a molestar a las cabras y a lapidar mujeres.

La izquierda posmoderna se ha abrazado al Islam de manera aberrante y traidora. ¿Queremos seguir el camino de Francia, donde casi el 20% de la población vive bajo la Sharia? Todas las caretas cayeron el 7 de octubre, ya no hay neutralidad posible. O ponemos manos a la obra y saneamos ideológicamente nuestras calles, nuestras aulas, nuestras instituciones, o demasiado pronto será ya demasiado tarde.

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