El general Fulgencio Coll interviene durante un acto de precampaña en Palma de Mallorca
OPINIÓN

Conatos de rebelión en VOX Baleares

Concejales protestan contra la dirección regional
Imagen del Blog de Octavio Cortés

Saltó la noticia esta semana de que quince concejales de Vox se rebelaban contra la nueva dirección regional. En concreto, contra la presencia del General Fulgencio Coll en la vicepresidencia, después de que la dirección nacional solucionara las tensiones con Jorge Campos por medio de la clásica “patada hacia arriba”, enviando a Campos al Congreso y esperando que la distancia calmara las aguas de la formación verde.

Lo que sucede en la derecha local, a la derecha del PP, será algún día digno de estudio sociológico. Allí se ha congregado una fauna diversa y peculiarmente animosa compuesta por lo mejor de cada casa, desde madrileños incapaces de entender nada al sur de Getafe hasta payeses locales y cazadores de conejos. Sin ninguna implantación, el partido armó candidaturas en los pueblos mediante unas cenas indescriptibles, mitad taurinas, mitad verbeneras, donde se atacaban los caracoles y el “arrós brut” como si el problema de la Nación fuera el bajo colesterol. El que no acabó en una lista electoral fue porque en ese momento estaba en el baño. Mientras que en Palma Vox se aseguraba el rigor intelectual de Gari Durán y el peso social y político del General Coll, en los pueblos parecía que se estaba llevando a cabo un casting de exaltados.

Teniente General Fulgencio Coll en el Ejército de Tierra

Que la payesía local sintonizara con Vox (fenómeno que nadie supo prever) y acabara cuajando en la candidatura de Bestard al Consell de Mallorca, eso es poca cosa comparado con el sindiós de la presencia voxera en los consistorios.

Ahora la revuelta vuelve a poner sobre la mesa el principal defecto del (hasta ahora impecable) gobierno Prohens: se apoya en un auténtico castillo de naipes. Atiborrado de banderitas e himnos legionarios, sí, pero castillo de naipes al fin y al cabo. A la larga, Vox volverá a ser integrado en una derecha hegemónica, pero ese proceso puede conllevar momentos de inestabilidad inesperados que revelen la debilidad parlamentaria del nuevo PP de Prohens.

Un Vox débil conviene al PP, claro está, para poder seguir enredando y fingiendo que apoya las tesis del españolismo montonero. Pero un Vox demasiado débil puede ser la puerta a un nuevo pacto de izquierdas.

El equilibrio es frágil y está en manos de lo que en Mallorca llamamos “quatre arreplegats”.