Bandera de España ondeando sobre fondo rosa con borde de líneas discontinuas.
OPINIÓN

De banderas, matronas y leones

La bandera roja y amarilla cuenta con mucha más profundidad y tradición liberal de lo que creen los que la rechazan

Imagen del Blog de Joaquín Rivera Chamorro

En medio de la neurosis colectiva, espoleada por algún sensacionalista aficionado con crisis de ansiedad ante la necesidad de acumular retuits, los símbolos se han convertido en excusa para incluir a quien los use en material de posicionamiento y ataque. Banderas, escudos, colores e, incluso, iconos como un triángulo invertido, un corazón o un puño, se han convertido en razón suficiente para situar a quien los exhibe en la trinchera correspondiente.

España, que sufrió en sus carnes las consecuencias de la polarización de las posiciones, tiene una crisis de identificación de su simbología oficial. A pesar de que la bandera es la tradicional y que el escudo que adorna la misma está inspirado en el elegido para el sexenio democrático, aún hay quien es reticente a asimilarla como propia. Un pleito que no existía en los 80 y que se ha ido intensificando a medida que las nuevas generaciones han radicalizado el relato en uno u otro sentido.

La Segunda República y la enseña nacional

Los regímenes se apropian de símbolos o los modifican en su beneficio. Así, la Segunda República incorporó la franja de Castilla (errores vexilológicos aparte) a la enseña nacional, validando el nacionalismo español surgido del romanticismo y que precisaba de mártires y ejemplos pasados. Todo ello para demostrar valores a los que los ciudadanos, ahora con ese título tras siglos siendo súbditos, pudieran agarrarse para desarrollar el necesario sentimiento de pertenencia. Los comuneros, indómitos ante un monarca extranjero que representaba la ignominia, fueron rescatados como héroes para la causa. Incluso hoy, desde la superficialidad más absoluta, hay quien hace bandera de ellos como representantes de la libertad y la justicia.

Es curioso como los partidos proletarios adoptaron como suya, sobre todo durante la Guerra Civil, la simbología de una República que consideraban un simple paso intermedio para sus fines. El escudo republicano era el de los cuatro cuarteles con los antiguos grandes reinos: Castilla, Aragón, León y Navarra, además del añadido del reino de Granada, casi el mismo que se había usado desde 1868.

Uno de mis favoritos son la matrona y el león que representaron durante décadas a la Monarquía liberal. Aunque hay grabados del rey Carlos II con una matrona romana y un león tras su figura, lo cierto es que esto fue un icono oficioso del liberalismo hispano.

Ilustración en blanco y negro de una figura femenina sentada junto a un león, con una rueca etiquetada como

Monarquía liberal y República emplearon, prácticamente, la misma simbología con algunos matices para particularizar un sistema sobre el otro. Pero no hay revista satírica ilustrada que no utilizara a la matrona, en algunos casos también representada como la diosa Minerva, y el león, por muy escuálido que se dibujara a este en función del momento histórico.

El motivo por el que la rojigualda se convirtió en la bandera de España

El régimen franquista empleó un escudo inspirado en los Reyes Católicos, en una forma de nacionalismo que se presentaba en contrapeso al liberal. Los carlistas usaron la cruz de Borgoña que tradicionalmente han mostrado las banderas y estandartes de los Regimientos del Ejército, pero su uso por las milicias de Requetés durante la Guerra Civil han conformado la excusa pertinente para que algún periodista que exhibe un extraordinario despliegue de los pabellones auditivos, tache de fascista a todo aquel que ponga la cruz de Borgoña sobre fondo blanco en algún sitio, sin reparar en que también es la bandera actual de los Estados de Florida y Alabama. A veces, el intento de polarizar suele caminar contrario a lo que se pretende defender.

La bandera roja y amarilla fue la que se levantó en Cádiz para presidir las primeras Cortes liberales en la sitiada ciudad andaluza durante la Guerra de la Independencia. Fue también la bandera elegida por las unidades militares que trataban de defenderse de la invasión napoleónica, desde que aquel Regimiento de Cazadores de Fernando VII, compuesto por valencianos y que fue aniquilado en Valencia, la llevara entre sus filas. Su bandera se exhibe hoy en el museo del Ejército en París.

Bandera antigua con un escudo en el centro que muestra un castillo y un león, con la inscripción

La enseña rojigualda se convirtió, junto a la Matrona y el león, en el símbolo de los liberales de Riego durante el trienio que resucitó las aspiraciones de los que creían en una España que fuera propiedad de los ciudadanos.

Esa fue la razón por la que, en la década de los cuarenta del siglo XIX, la rojigualda se convirtió en la bandera nacional.

La desaparición de la matrona y el león durante la Guerra Civil

La Guerra Civil fue causante de muchas víctimas y la matrona con su binomio felino inseparable, fueron borradas del mapa a partir de 1936. El bando republicano, completamente influido por los partidos proletarios, fue abandonándolos y desaparecieron del imaginario contemporáneo.

Yo no sería capaz de dibujar un garabato decente, pero, con la Inteligencia Artificial, un poco de photoshop y varias composiciones de diferentes resultados obtenidos con algunas aplicaciones, me ha salido una matrona con un león pequeño, que tampoco es cuestión de venirse arriba para empezar. Le he añadido los colores rojo y amarillo y la balanza que representa la justicia, eso sí, con unos limones que simbolizan lo amargo que debe ser, en ocasiones, ser justo e imponer la ley.

Así que, independientemente de lo que piensen, la bandera roja y amarilla tiene mucha más profundidad y tradición liberal de lo que la mayoría de los que la rechazan piensan. Fue la bandera de la resistencia a los franceses y debería ser también la de la resistencia a la estupidez que quiere enfrentarnos a unos contra otros.

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