Montaje de niño gritando desesperado en una sala de cine y círculo con la entrada del Casal Camprodoní
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Uno de los cines más antiguos de Cataluña lanza un grito desesperado

Se trata de uno de los cinemas más antiguos de Cataluña el cual ofrece sesiones cada fin de semana en un municipio de menos de 3.000 habitantes


El cine de Camprodon busca nuevos socios para garantizar su futuro. Este depende del Casal Camprodoní, una entidad sin ánimo de lucro nacida en el año 1883 que gestiona el cinema. En este municipio de 2.400 habitantes, este espacio lleva vivo pese a las dificultades económicas.

En las últimas semanas, una treintena de personas se han dado de alta en la asociación, pero admiten que necesitan más. Especialmente, señalan que necesitan jóvenes que quieran implicarse en la asociación y garantizar el relevo generacional. “Si fuésemos una sala comercial, ya habríamos cerrado”, asegura la presidenta, Maria Claret.

Maria Claret, presidenta del Casal Camprodoní, y Neus Feliu, miembro de la junta.

Gracias al Casal Camprodoní, los vecinos pueden disfrutar de una programación estable de cine durante todo el año, algo que pocos municipios del tamaño de Camprodon pueden decir. Las sesiones se hacen en fines de semana y festivos y, con un aforo de más de 400 butacas, la temporada alta es en agosto. 

Esta es una de las salas de cine más antiguas de Cataluña, ya que las primeras proyecciones se hicieron en el año 1907. En 1967, el local sufrió un incendio y se trasladó al edificio actual, localizado en la plaza doctor Robert.

Más implicación por parte de los jóvenes

La llegada con fuerza de las plataformas audiovisuales ha sido un golpe no tan solo para las grandes superficies, sino también para locales como el cine de Camprodon. Por ese motivo, ven como cada vez hay menos jóvenes. “Queremos que los jóvenes se involucren más en el cinema y con ganas”, comenta Neus Feliu, miembro de la junta del casal. 

Entrada al Casal Camprodoní

Además, Feliu también pone en valor el gran esfuerzo detrás de mantener la sala: “Son 52 semanas al año, cada sábado, domingo y fiestas y el mes de agosto hay mucho trabajo y nadie se queja”. “El asociacionismo es una herramienta en Cataluña de las más importantes”, defiende Feliu.

Para darse de alta hay que pagar 30 euros al año y, con el carnet, la entrada del cine vale la mitad, 3,20 euros. Actualmente, cuentan con unos 600 socios, la mayoría mayores de 55 años.

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