Primer plano del líder de ERC en Cataluña Oriol Junqueras

POLÍTICA

El junquerismo ya no es amor

Ya no queda nada de ese discurso de amar al prójimo y de voluntad de sumar que tenía Oriol Junqueras en 2017: su relato ha cambiado totalmente en un inmovilismo que perjudica a ERC

Faltaban aún meses para el referéndum del uno de octubre de 2017 y Oriol Junqueras vivía un cuento de hadas. Era vicepresidente de Carles Puigdemont tras ir conjuntamente en la lista de 'Junts pel Sí' y sus índices de popularidad estaban por las nubes. En una entrevista a RAC1 con su amigo Jordi Basté llegó a poner nombre a su felicidad: "El junquerismo es amor", dijo. 

En ese momento, ERC y Junqueras mantenían un relato mezclando la política con los sentimientos. El propio Junqueras llegó a afirmar que los catalanes se tenían que "amar" para hacer la independencia. En un acto en marzo de 2017, decía concretamente: "Debemos amarnos porque nada justifica mejor nuestra dedicación que el objetivo de hacer un mundo mejor para todos. Amaos". 

El concepto de que el junquerismo era amor, cuajó. Alguien llegó a hacer camisetas con un dibujo de Oriol Junqueras y la famosa frase. Porque, eso sí, siempre hay alguien que saca tajada en Cataluña. Eran otros tiempos: ERC parecía llamada a comerse el PSC en el Área Metropolitana de Barcelona y estaba convencida de hacer la independencia en 18 meses.

Primer plano de Oriol Junqueras en un mítin con cara de enfado




El nuevo Junqueras tras salir de la cárcel

Oriol Junqueras volvió a la vida pública tras dejar la prisión. Pero algo había cambiado. Su tono ya no era conciliador, su típica entonación que recordaba a un sacerdote se había esfumado. Junqueras estaba enfadado y se le notaba. Quizás porque veía a Pere Aragonès de president mientras él estaba inhabilitado, quizás porque su 'peix al cove' no funcionaba y la opinión pública se le iba girando en su contra.

Pere Aragonés, Meritxell Serret y Oriol Junqueras

ERC y Junqueras fueron los primeros señalados por el independentismo de base. Fue la primera formación procesista que se bajó del uno de octubre sin pedir perdón ni explicar por qué fallaron, porque no dijeron toda la verdad. La distancia con sus anteriores socios fue creciendo, mientras su partido mostraba incapacidad para gobernar la Generalitat y dejar alguna huella.

El presidente de los republicanos no ha sabido irse a tiempo y tiene una posición complicada. Sigue mandando en el partido, pero cada vez más cargos de Esquerra están cansados de sus formas, sus modos y su permanente control -hasta llegar a la obsesión- del poder. Su estrategia, además, parece encaminada a un fracaso estrepitoso.

Es en este contexto que Ernest Maragall decidió irse, alejado de Junqueras y su entorno. O de algunos concejales que dimitieron tras ver como Junqueras pactaba en la Diputació de Barcelona sin pedir opinión a nadie. ¿La última? La purga de los tres concejales de ERC en Ribera d'Ondara por querer pactar con Aliança Catalana.

Junqueras no ha entendido el cambio

Junqueras no ha sabido leer el cambio social que vive Cataluña y sigue empeñado en negar las problemáticas reales que viven los ciudadanos. No sucede nada malo en el sistema educativo, no hay problemas de seguridad y, siempre según él, no hay ninguna derivada negativa de la gestión de la inmigración.

El candidato número 1 de ERC por Barcelona al Congreso de los Diputados, Gabriel Rufián, comparece tras conocer los resultados de la jornada electoral

Sucede algo similar internamente. Tras perder 300.000 votos en las municipales dijo que el más enfadado dentro de ERC era él mismo. "Hemos pecado de una cierta prudencia y modestia", señalando que el problema era de comunicación. 

El problema, pues, es de los otros. De Sílvia Orriols por ser de "extrema derecha", de Junts por "xenófobos", del PSC, a quien vetó hasta que lo necesitó en el Parlament. El junquerismo ya no es amor, se está quedando solo y se mueve más por el rencor y las ganas de mantener el poder que por amar a los otros.

Y, en esta deriva personal, está arrastrando también el partido, incapaz de modelar su discurso a una nueva realidad social. Esquerra sigue priorizando un relato ideológico, más cercano a Podemos, que políticas que incidan en la vida de la gente. Y no parece que tengan ninguna voluntad de darse cuenta de su error.