Montaje restaurante difuminado con cartel de 'Cerrado' y círculo con iglesia románica de San Jaime de Frontanyá
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El pequeño pueblo catalán que ya no tiene ni bares ni restaurantes: el motivo

San Jaime de Frontanyá se encuentra en la comarca del Bergadá y tiene un total de 32 habitantes a día de hoy

La despoblación en los pequeños municipios es un tema que se lleva arrastrando desde hace años. Su población se envejece y los más jóvenes marchan a las ciudades o municipios más grandes en busca de oportunidades. Con ello, los negocios y servicios van cerrando y, en algunos casos, sin dejar nada en el municipio.

Ese es el caso de San Jaime de Frontanyá, situado en la comarca del Bergadá. El municipio fue declarado Bien de Interés Cultural por la Generalitat de Cataluña en el año 2005, gracias a su iglesia románica.

Con tan solo 32 habitantes, es el pueblo más pequeño de Cataluña o, al menos, lo era. Hasta hace poco, ostentaba ese título que pasó a ser de Gisclareny, pueblo de la misma comarca. 

Perdieron todos sus establecimientos al inicio de la pandemia

Estas poblaciones viven, básicamente, de la ganadería, agricultura y, especialmente, el turismo. En el caso de San Jaime de Frontanyá, llegaron a tener un bar, un restaurante y una fonda, pero con la llegada de la Covid en 2020 se quedaron sin nada.

Ya sea por la pérdida de los establecimientos o de su título como el pueblo más pequeño de Cataluña, el turismo se ha desplomado. En total, han perdido un 85% de sus visitantes. 

A consecuencia, el perjuicio recae sobre los vecinos, que ven las pocas oportunidades en el pueblo esfumarse. Además, deben desplazarse a los municipios vecinos para cualquier cosa y se han quedado sin un lugar de reunión social.

Iglesia románica de San Jaime de Frontanyá
La iglesia románica de San Jaime de Frontanyá fue declarada Bien de Interés Cultural en el año 2005. | Google Maps

Además, esto también causa un problema con los turistas, que no tienen un lugar donde parar a tomar un café o ir al baño. “Si un visitante tiene que hacer pipí no tiene ningún sitio al que ir. Tiene que buscar un lugar escondido para hacerlo y todo queda sucio”, explica el alcalde, Manel Anselmo, en declaraciones a Catalunya Ràdio.

Es por ese motivo que desde el Ayuntamiento quieren rehabilitar la antigua rectoría del pueblo para abrir un restaurante. No obstante, no cuentan con el dinero suficiente para ello y están en conversaciones con el obispado de Solsona y la Diputación de Barcelona para impulsar el proyecto.